¿Y quién ha sido el peor presidente?

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“Difícil decidir. Todos tienen ‘méritos’ notables e indiscutibles. Pero se tiene que elegir uno. Y el ganador es…”.

Hoy elegimos presidente. Es muy posible que de esta elección salga el peor de nuestra historia (o al menos de la historia reciente).

Como es posible que el nuevo presidente destrone al actual monarca presidencial de la incompetencia y falta de idoneidad, conviene identificarlo. Difícil reto si queremos ser justos. Las últimas décadas nos han dejado una sarta de presidentes dignos del olvido que, lamentablemente, nunca podremos olvidar.

Es difícil ranquearlos de más a menos corruptos. Todos en los últimos 20 años lo fueron: Vizcarra, PPK, Ollanta, Alan García y Toledo. Y si vamos un poco más atrás, Fujimori. Así que usar un “corruptómetro” no nos ayuda a elegir al peor.

¿Mintieron? Sí. Todos. Y con descaro. Sin contar la hipocresía de acusar de corruptos a los demás y presentarse como paladines de la anticorrupción, todos nos contaron cuentos del más diverso tipo, sin asco y sin anestesia.

Pero aquí hay uno que comienza a despuntar. Vizcarra tiene mentiras lamentablemente memorables. El gol de campeonato se lo lleva la oscura y contradictora historia de su nunca aclarado entripado con Richard Swing. Colocó la mentira presidencial a la altura de telenovela cómica: un bailarín y cantante mediocre, convirtió, con el apoyo presidencial, la huachafería en mérito contratable nada menos que por el Ministerio de Cultura.

Y si lo evaluamos por compromiso con la institucionalidad democrática, Vizcarra cerró el Parlamento manipulando la Constitución. Con ello empujó al país a las fauces del peor Congreso de la historia: un Congreso capaz de colocar a Merino como presidente. Está, eso sí, en competencia con Fujimori, quien también se atrevió a cerrar sin base legal el Legislativo.

Pero, quizás, donde saca ventaja a todos sus rivales es en su incompetencia. Hay que reconocerle su capacidad de esconderla bajo el manto creado por una aparente legitimidad populista.

Sin duda, enfrentar la pandemia era todo un reto. Pero el Perú, en la región, contaba con ciertas ventajas sobre varios de sus vecinos: una situación fiscal y económica envidiable construida sobre años de esfuerzo y sacrificio. Vizcarra tuvo el “mérito” de llevarnos a ser uno de los países del mundo con las peores cifras de muertes y de daño económico.

Nos encerró ciegamente como si fuera posible salvar vidas quitándole a la gente que comer. En esas semanas de destrucción de ingresos, empleos y esperanzas, no hizo nada para prepararnos: ni mejoró realmente el sistema de salud ni consiguió oxígeno, ni suficientes respiradores o camas UCI, ni recursos para enfrentar el problema. Y no hizo nada para conseguir vacunas.

Pero, para colmo de males, él sí se vacunó. Y luego nos vino con el cuento de que era un valiente voluntario que puso su brazo para proteger la salud de los peruanos.

Lo cierto es que lo que pase en la elección de hoy es, en buena parte, culpa de su incompetencia y ambición. Todo un mérito ganarles a personajes infames como Fujimori o Alan García. Pero les ha ganado en buena lid (o en muy mala, según el ángulo desde el que se mire). Inhabilitar a Vizcarra parece ser lo único bueno que nos dejará este desastroso Congreso.