Voltaire y Glucksmann contraatacan

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Si algo caracterizó a André Glucksmann (1937-2015) es que hizo del ejercicio del pensar una constante evolución hacia la autenticidad crítica. En sus años universitarios, fue asistente de cátedra de nuestro admirado Raymond Aron (imaginemos tal honor). Asimismo, viajó por todo el espectro ideológico. Es decir, joven maoísta y unos de los lideres del “Mayo del 68”, hasta defensor de la OTAN y de las guerras antiyihadista de occidente. En este proceso de varias décadas, Glucksmann patentó un estilo de ser intelectual: ni sobón, ni ingenuo, ni apocalíptico. Pues la sobonería liquida toda distancia crítica. La ingenuidad acaba sirviendo a proyectos indeseables, sin darse cuenta. Y la amargura apocalíptica se vuelve tan nihilista que, en la sin razón, disfruta de las catástrofes que vaticina. Por el contrario, Glucksmann se sumaba a la tradición crítico racional, de fundamento ilustrado, pues fue consciente de dos grandes peligros que acechan el mundo de las ideas contemporáneas: el optimismo descarado de los progresistas y el nihilismo corrosivo de los relativistas culturales.

Un año después de la muerte de Glucksmann, se editó lo que la prensa especializada ha llamado el testamento intelectual de Glucksmann, “Voltaire contraataca” (Galaxia de Gutenberg, 2016). Este volumen de ensayos es un hermoso homenaje a un grande: François-Marie Arouet. A quien conocemos con el seudónimo más famoso de la historia de la filosofía moderna: Voltaire. Como bien recuerda Glucksmann, Voltaire encarna la ilustración en todas sus formas. De ahí que sea un homenaje despierto que nos alerta de lo mucho que perderemos si volvemos a la era anterior a Las Luces. Sobre todo, en un momento en que el relativismo cultural y el relativismo ético- epistemológico, nos inducen a creer que los logros de la razón crítica y del conocimiento objetivo son un error o un sinsentido. Glucksmann retoma la lectura de “El Cándido” de Voltaire, en clave inspiradora, y trae al siglo XXI su legado.

Ciertamente, Voltaire contraataca con Glucksmann. Y ahora que los «malparidos oscurantistas» (Ezra Pound), amenazan con el retorno de lo mágico, de lo mítico, de lo tribal y de lo totémico, debemos defender, con convicción, las libertades y los derechos de la persona, la cultura de las responsabilidades personales y el conocimiento objetivo. Pues, si dejamos que los enemigos de Las Luces sigan su paso, giraríamos hacia un mundo donde la intolerancia, el miedo sobrenatural a lo real, la disolución del sujeto en la masa, la prohibición del intercambio comercial, nos conducirían plenamente hacia un nuevo mundo de terror, de miseria generalizada y de ignorancia genética.

Glucksmann, inspirado por Voltaire, era consciente que, desde la inauguración de la era secular, en siglo XVIII, quienes defendemos una civilización sustentada en la crítica racional, el conocimiento objetivo de lo real y la defensa de los derechos y libertades de la persona, “estamos en guerra” contra formas de pensamiento que desprecian estos tres principios. De ahí que, lejos de todo optimismo complaciente o del nihilismo paralizante, debemos seguir luchando por mantener el más frágil logro de la historia humana: la libertad personal.

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