UN POSIBLE GOBIERNO USURPADOR, ILEGÍTIMO E ILEGAL

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Muy probablemente en los próximos días se consume el fraude y el Jurado Nacional de Elecciones prevaricador proclame al comunista Pedro Castillo como Presidente de la República.

Lamentablemente no puede ser reconocido ni acatado como tal ya que su condición de supuesto presidente parte de una candidatura que tiene una nulidad de origen, no es legítima, incurre en ilegalidad y finalmente el propio Castillo ocuparía Palacio de Gobierno como un usurpador.

La nulidad de origen ha sido demostrada hasta la saciedad. Su candidatura no debió ser inscrita nunca al ser una plancha incompleta por la exclusión de Cerrón en su condición de condenado por corrupción, situación que no fue subsanada, así como por el hecho que la candidata Dina Boluarte no renunció a su cargo en RENIEC seis meses antes como manda la ley electoral.

Al haber continuado en carrera gracias a la obsecuente benevolencia del Jurado Nacional de Elecciones, que como sabemos preside un defensor de terroristas, su candidatura deviene en ilegal. No se ajusta a derecho

La nulidad de origen y la consecuente ilegalidad hacen que un probable gobierno fraudecastillista al mando de Vladimir Cerrón, como sin duda sería este caso, pierda toda legitimidad. Es decir, no está en concordancia con el ordenamiento jurídico, ha llegado de manera ilegal, las evidencias de un fraude son enormes y por lo tanto no tiene legitimidad ni legal ni política.

¿Qué sería entonces Castillo en este caso? La respuesta es muy sencilla: un usurpador. Está claro que con todo lo dicho lo que está haciendo en complicidad con todo el tinglado de la burocracia caviar es apoderándose de un derecho que no le corresponde.

En ese sentido solo queda esperar que la ciudadanía y la auténtica resistencia política y democrática logren aislarlo y buscar en el menor tiempo posible su caída y la convocatoria a elecciones legítimas y legales.

Es realmente lamentable que nuestro país llegue a su bicentenario en estas condiciones. Pero tal vez sea la consecuencia de nuestra propia dejadez y frivolidad.

Así es, llegamos a esto por frívolos, porque nos acostumbramos muy rápido al bienestar que trajo lo que en los 90 se llamó el milagro peruano, porque el crecimiento impresionante del país en los últimos treinta años nos nubló la vista y no fuimos capaces de enfrentar a los predicadores del odio, a los que deformaron la historia, a los envenenaban a nuestros jóvenes en las universidades. Porque dejamos la educación en las peores manos. Porque mientras aplaudíamos la fama del cebiche o el lomo saltado, el veneno del neomarxismo circulaba libremente.

Llegamos a esto porque hubo un Paniagua blandengue y pusilánime, liberador de terroristas y después un Toledo, un Humala y un Vizcarra, corruptos e indolentes dedicados a todo tipo de tropelías para luego caer en lo peor, en el doble discurso y la traición de Sagasti, que pasará a la historia como el Judas que mientras nos endulzaba con poesía y discursos engolados, entregaba el país al comunismo.