Sobreviviente: “Dicen que los terroristas dejan su lema, (…) pero no decían nada, señor, solo mataban”

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El último domingo, alrededor de las 10 p.m., un grupo armado aún no identificado acribilló a 16 personas dentro de dos locales que funcionaban como bares informales, en el alejado Centro Poblado de San Miguel del Ene, en el corazón del Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem). Este lugar es conocido por ser uno de los valles cocaleros más convulsionados de la provincia de Satipo (Junín).

Durante los últimos años, la facción de Víctor Quispe Palomino, alias ‘José’, se ha dedicado, sobre todo, a realizar actos criminales para proteger o colaborar con las mafias del narcotráfico; o de venganza contra las operaciones de investigación e interdicción de la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas.

Cabe mencionar que, desde por lo menos el 2010, unidades especializadas de la Policía Nacional y de la agencia antidrogas de los EE.UU. (DEA) consideran al grupo armado de ‘José’ sobre todo como una organización vinculada a las mafias de las drogas nacionales y extranjeras, el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, sin embargo, no consideró esta información y atribuyó el violento crimen a Sendero Luminoso (SL) tras hallarse panfletos, en los que uno de ellos, con fecha del 10 de mayo, dice: “Quien vote a favor de Keiko Fujimori es traidor”.

De acuerdo con el testimonio del teniente del Comité de Autodefensas (CAD) de San Miguel del Ene, Hugo Torres, se escucharon disparos a las 10 p. m. del día domingo, e intentaron llamar a dirigentes de otros pueblos cercanos para salir a esa hora hacia la zona de la playa, donde funcionaban ambos bares, pero no había señal de telefonía ni energía eléctrica. Por ello, esperaron hasta que amaneciera. A las 5 a. m. se reunieron con el resto de miembros del CAD y salieron hacia allá. Al llegar encontraron los cadáveres, los charcos de sangre y humo que salía de los bares.

Llamaron al alcalde Alejandro Atao Guerreros, de Fuerza Popular, y al juez de paz Leonidas Casas (militante del Frente Amplio), quienes se comunicaron con la comisaría de Natividad, pero la Policía no les contestó. Entonces ambos decidieron ir hasta dicho puesto policial, ubicado a 30 minutos del centro poblado, donde reportaron el hecho.

“Vivo hace 40 años acá y es la primera vez que ocurre algo así en nuestro pueblo. No sabemos quiénes han sido, no podemos echarle la culpa a alguien. Acá Sendero Luminoso [refiriéndose al grupo terrorista de los años ‘80 y 90] nunca ha entrado a nuestro pueblo”, dijo.

Según reportó Ojo Público, existen cuatro sobrevivientes. Una de estos, que optó por no identificarse por temor a represalias, detalló que se percataron del hecho cuando comenzaron a disparar en el bar de enfrente. “Pensábamos que era una pelea de borrachos, pero disparaban más y más; y la dueña, sus hermanas y yo nos escondimos en un cuarto, que al final lo quemaron”, indicó la testigo.

“No hubo ningún cruce de palabras, por lo menos para decir que nos perdonen la vida. Nada, nada. A los niños, a todos les disparaban. Los que estaban afuera, a todos, a las chicas. Había una chica que se hizo la muerta y se salvó. Con ella al final me encontré en el monte, ambas estábamos heridas”, narró.

La sobreviviente relató que en un momento, cuando estaba a punto de escaparse del lugar hacia el monte, uno de los asesinos la vio y corrió detrás ella. “Aunque sea hiéreme, pero no me mates, no me mates, por favor”, le rogó. El hombre la miró y le dijo: “¿Sabes qué?, por esta vez te voy a salvar la vida”. La mujer solo dijo recordar a tres hombres armados, con fusiles en el pecho, vestidos de civil, sin botas. “Eran como gente normal”, aseguró.

Después de acribillar a los asistentes, la mujer dice que observó cómo los asesinos revisaron sus bolsillos y robaron sus pertenencias, dinero, celulares y hasta se llevaron el dinero de las dos máquinas rocolas que funcionaban en ambos bares. “Eran civiles. No eran policías, no tenían polos negros de Sendero [Luminoso]. Era gente normal, vestidos con ropa a colores. No usaban botas. Dicen que los terroristas dejan su lema, que los terroristas son así y asá, pero no decían nada señor, solo mataban”.

El presidente de la Central Asháninka del Río Ene (CARE), Ángel Pedro Valerio, afirmó que desde hace varios años los líderes indígenas le han alertado sobre la creciente actividad del narcotráfico y el aumento de los cultivos de coca. “Este es el centro del Vraem, del narcotráfico, las comunidades indígenas denuncian que los cultivos de coca se vienen extendiendo en sus territorios”, dijo.

Para Valerio ya no se trata de una guerra ideológica de los remanentes de la facción de Víctor Quispe Palomino en el Vraem, sino del negocio del narcotráfico. “Los remanentes terroristas acompañan y protegen a los cocaleros, y una vez que estos se instalan los primeros se retiran. Los dejan allí instalados. Nos invaden, nos quitan nuestro territorio y allí siembran hoja de coca. El avance es bárbaro”, dijo el líder asháninka.