POR IVAN ARENAS: Poder contra poder

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IVAN ARENAS
El periodismo, sentenció el moderado Edmund Burke, es el cuarto poder. Ignacio Ramonet, el comunicador marxista, dijo que era el quinto. Cuarto o quinto lo cierto que es un poder. En regiones o territorios pequeños el periodismo suele convertirse en un poder tácito/ fáctico, a veces omnímodo que- o fiscaliza o se amaña- al poder de turno.
El periodista Marino Llanos, ahora candidato del fujimorismo, afirmó en una entrevista que “no creía que la muerte- del desaparecido periodista Pedro Yauri-  era un tema relevante». También dijo, si alguna defensa tiene, que «era  un tema de conciencia de cada uno». Por supuesto las declaraciones han remecido al medio periodístico viniendo de quién viene. El asesinato de Yauri fue un acto execrable hecho por el grupo paramilitar Colina durante el régimen fujimorista. Por cómo sucedieron los hechos y porque no se encuentra aún sus restos Pedro Yauri es una espina dolorosa en el periodismo local y una recordación constante de lo que es el fujimorismo de Alberto.
El tema da para más y pasa de una simple campaña electoral a convertirse en un caso sui géneris a nivel nacional. El perseguido con el perseguidor.   Para muchos el periodista, que además fue o es presidente de una asociación local de comunicadores, no debió aceptar la propuesta fujimorista por un tema estrictamente ético. Pero Llanos, sin duda, ha hecho cálculos de “real politik”. Sabe que en el contexto de una campaña el fantasma de Yauri iba  aparecer de modo alguno. Y sabe también que tendrá que hilar fino en sus opiniones y  que el  tema incluso puede extenderse hasta la aparición de un antifujimorismo cerrado y duro, escenario que al que no, suponemos, quiere llegar.
Otro cálculo de Llanos es que ahora está al otro lado del micrófono. Ya no tiene el poder de la palabra (periodista) sino el poder de los gestos, opiniones y actos (político) ante una audiencia voraz y sensible. Incisivo como era suponemos que el periodismo local actuará igual con su candidatura. Y no vale picarse.

La mochila es muy grande. Marino Llanos tendrá una espalda ancha y fuerte si quiere ver la costa. El fujimorismo es un partido de odio/amor por lo tanto es una atracción fatal que te imbuye cual remolino y eso sí es preocupante. El ahora político no puede caer en la tentación de convertirse en un cerrado fujimorista cuando no lo es. Más aún si el fujimorismo keikista intenta suavizar y transformar su cara obtusa con la aparición de nuevos cuadros y nuevos discursos. Lo mejor es ahora plantear nuevos “issues” que conecten a Llanos con su plataforma electoral y con las demandas y necesidades del ciudadano regional.
Claro pero lo mejor de todo sería que el cadáver de Yauri aparezca para calma de su familia y recordarlo como un mártir de un régimen que nunca más esperemos asome por nuestra patria.

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