OPINIÓN | Eduardo González Viaña: “Los peruanos invaden España”

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Huaral Pe

Esta es una invasión peruana – me dije apenas una semana después de haber bajado del Iberia que me trajo a Madrid.

Ocurrió cuando, en el Facebook y otras redes sociales, vi aparecer al cajamarquino Harold Alva, seriecito, con terno azul y zapatos marrones, como todo poeta, en el acto de ser reconocido como Huésped Distinguido por el Ayuntamiento de Salamanca.

En una de mis columnas yo había calificado a Harold como “el editor suicida” por la ausencia de miedo en sus iniciativas. Lo recuerdo cuando, con 25 años de edad, ocasionó un sismo de grandes dimensiones en el circuito editorial peruano. Con libros que vendía a un sol obligó a las grandes empresas que encarecen el libro a replegarse y sincerar sus precios. Los editores careros apelaron entonces al alcalde Castañeda, quien hizo retirar los libros con bulldozers. Pero Harold ya había vendido cerca de un millón.

Una semana después de mi llegada, me detuve en Barco de Ávila, a dos horas de Madrid, y comencé a transitar por el más bello de sus paseos. De pronto, se me ocurrió leer la inscripción de la piedra con que se inicia ese camino y descubrí que estaba dedicado al poeta peruano Arturo Corcuera.

Y, por fin, apenas llegado a estas tierras, se me ocurrió leer La Nueva España en la computadora. El diario de Oviedo y su cadena de periódicos en todo el país daban la noticia de que la tradicional feria literaria de la mar de Cudillero, Asturias, va a llamarse este año EDUARDO GONZALEZ VIAÑA.

¡Caramba!, me dije, lleva mi nombre y será celebrada el domingo 31 de octubre. Esta es una verdadera invasión de peruanos. La feria literaria del mar es uno de los eventos culturales realmente prestigiosos de la península y será presidido por las autoridades más importantes del Principado de Asturias.

Asturias es una tierra que quiero mucho y en cuya universidad trabajé en el pasado. Ahora, para ser como los asturianos, solo me falta hablar bable y aprender a brindar con una botella de sidra sobre el hombro.

Y creo por fin que he visto pasar a un esmirriado caballero sobre un flaco jamelgo y acompañado de un criado algo gordo. Me parece que el caballero decía: -Los peruanos ya están aquí, Sancho. Hay que dejarlos pasar.

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