Caral, cultura de paz

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1856

La vida del hombre como habitante del planeta Tierra, se generó gracias a las condiciones propicias para su aparición, de un medio ambiente saludable para el desarrollo de todas las formas de vida animal y vegetal. Este maravilloso proceso fue bien utilizado por el genio del homo sapiens, en un largo trabajo de entendimiento de los mecanismos de la madre naturaleza para aprovechar todos los recursos naturales en beneficio de su supervivencia. Dentro de ese desarrollo, se encuentra el Estado de Supe, representado en la Cultura Caral.

Asimismo, con el desarrollo del conocimiento de la caza y de la recolección, el hombre fue descubriendo la ganadería y la agricultura, dando saltos organizacionales desde pequeños clanes, abandonando una vida simple, para formar estructuras sociales más organizadas y complejas, ya sean comunitarias o de sometimiento del hombre por el hombre, forma social ésta última y explicada por la antropología como una condición natural impuesta por la naturaleza social guerrera del hombre.

El Estado de Supe, reflejado en su máxima expresión por la cultura Caral, fue gobernado por la teocracia. La religión se usó como medio de cohesión y coerción social, entendida en la convivencia pacífica y el bienestar común. Su desarrollo y subsistencia giró en base al éxito de ser el centro de la más amplia red de intercambio  y reciprocidad entre vastas zonas de la costa, sierra y selva del Perú, siendo el algodón su principal cultivo, el cual sirvió para la confección de sus trajes y redes de pesca, como la anchoveta para su alimentación, productos que también les servía para realizar el intercambio con productos de otras regiones. Como Estado teocrático, implantó la política del Estado para el control de la población, de la producción de bienes y su circulación, la misma que se expresa en su arquitectura monumental (pirámides), plazas, atrios y altares del fuego sagrado, en donde se llevaron a cabo las diferentes festividades del calendario ceremonial, símbolo de su identidad cultural. Las periódicas reuniones y actividades conjuntas como la renovación de las pirámides permitían el reconocimiento del poder y fortalecían la identidad cultural (Ruth Shady, 2004).

EL SOCIALISMO ANDINO

La incidencia ideológica en el manejo del Estado de Caral, ha sido recogida por el mundo andino posterior – socialismo andino, la cual está expresada en su forma de vida comunitaria a través de los ayllus. Las élites imperiales dominantes en la cultura Inca, tuvieron que convivir con comunidades organizadas en ayllus, al no poder desposeerlas de sus tierras, ni mucho menos desorganizarlas.

En esa convivencia pacífica, los Ayllus defendieron su existencia; la tierra y bienes no se dividió en forma privada, conservaron su carácter comunitario, se dividieron en parte para los ayllus y otra para las élites; el “pacto social” garantizó   la supervivencia de los ayllus. Como  Estados  comunitarios, estos sostendrían a las élites privilegiadas panakas y como retribución recibirían de la élite la administración política del tejido social, redistribución de la riqueza alimentaria acumulada a gran escala; las obras públicas y los logros técnicos y científicos debían beneficiar también a los ayllus, caso contrario, éstas generarían conflictos que posteriormente conducirían a la desintegración de los grandes Estados.

La forma de organización económico-social Inka, también se desarrolló en el África y Asia. La experiencia china, la más conocida y estudiada, la misma que también sirvió como base de investigación a Carlos Marx sobre el modo de producción asiático, como la comprensión científica de los mecanismos fundamentales que rigen el funcionamiento de la sociedad  y la evolución del Estado, dando por vez primera una base científica al socialismo. En El Capital, no sólo hallamos la explicación del pasado, sino, además, la previsión científica del futuro.

Estas expresiones de organizaciones sociales todavía coexisten en América Latina, y en especial el Perú, reconocidas por el mundo occidental como Comunidades Campesinas e Indígenas, las mismas que están jugando un rol protagónico en la lucha política de reivindicación como cultura y nación en el mundo actual, habiendo alcanzado a cogobernar en Bolivia y el Ecuador.

El descubrimiento de Caral ha demostrado que no todas las formas de desarrollo social se han realizado como organizaciones guerreristas, de sobrevivencia como naciones, en base de dominación en forma violenta de otras naciones, con la cual se quiere dar justificación natural de que las naciones fuertes ineludiblemente dominan a las más débiles. [1],

La formación de la Cultura Caral demuestra al mundo (2650 aC) [2], que es posible el desarrollo social comunitaria (no se ha hallado ningún vestigio de armas), solidaria en todos sus aspectos, porque de esa forma podían sobrevivir ante las inclemencias de periodos inhóspitos.  La vida humana en Caral era pensada como colectivo, entendimiento subjetivo de existencia humana; es decir, como la entiende la persona comunitaria (concepción actual del socialismo), su internalización como dogma y norma de conducta, la cual está inspirada en la convivencia dentro del estatus social del sistema imperante, de entender y luchar por alcanzar una vida digna, con valores de justicia, solidaridad, de unión, desprendimiento, amor y respeto al prójimo.

En el entendimiento de los pensadores liberales que justifican el sistema social injusto, se sustenta que la sobrevivencia humana está llamada seguir los designios de la naturaleza, en aplicación de la teoría del inicio de la civilización y desarrollo de ésta en la guerra (Ley de la jungla, del más fuerte), no es otra cosa que una patraña inmoral, mezquina para justificar el sistema capitalista que impera en el mundo en forma brutal, a costa del hambre y miseria de millones de seres humanos.

GLOBALIZACIÓN DE LA ECONOMÍA ES IMPERIALISMO

El crecimiento del mundo capitalista con sus mercados nacionales y las alianzas del gran capital mercantilista hicieron que desarrolle el capitalismo, y a su vez, a nivel mundial, ha generado la aparición del imperialismo, que detenta el control de la economía a escala mundial, lo que hoy llaman los tecnócratas liberales globalización de la economía mundial, la que se ha disparado a hechos insospechados con el uso de la ciencia y la tecnología al servicio mezquino de quienes detentan su control, poder fabuloso que les da el control de los mercados a nivel mundial, en complicidad con las castas privilegiadas del poder local.

Esta forma de Estado, es la que justamente en su implantación como modelo económico, invierte millones de millones dólares anuales, en la implementación y desarrollo de la industria bélica, así como orientan a los pueblos a gastos de Defensa Nacional, en el entendimiento que forma parte de un mundo salvaje, por la cual debe prever su defensa como Estado.

El Imperialismo imperante en el mundo, como última etapa del sistema social capitalista, viene arrasando las economías de las naciones pobres a través de la dominación económica y militar, imponiendo un sistema  económico extractivo y de consumo, condenándolas al subdesarrollo, depredación de sus riquezas naturales, violentando sus aspiraciones de desarrollo humano y armónico con la naturaleza, con la depredación de los recursos forestales, minerales, las riquezas nutritivas de los suelos agrícolas, los mares, la atmósfera y la biósfera.

La generación de la pobreza mundial, no responde a una falta de criterio político y a la falta de conocimiento de los grandes males que atraviesa la mayoría de la población mundial, como lo advierte las Naciones Unidas; sino que responde  al sistema ideológico y político del capitalismo salvaje, sustentado en la “doctrina económica en la propiedad privada de los factores de producción que considera que el sistema de libertad del mercado y de precio es el más eficiente para lograr la óptima asignación de recursos en una economía” [3], la misma que no se refleja en su aplicación por su manejo especulativo (razón de ser de los grupos de poder), dado a que el hambre y miseria impera en la mayoría de la población mundial como secuela de ese liberalismo económico.

A ese respecto, Fidel Castro Ruz denunciaría, en la ONU, en su discurso sobre de la paz en el mundo: “(…) las guerras, desde el principio de la humanidad, han surgido, fundamentalmente, por una razón: el deseo de unos de despojar a otros de sus riquezas. ¡Desaparezca la filosofía del despojo, y habrá desaparecido la filosofía de la guerra! Desaparezcan las colonias, desparezca la explotación de los países por los monopolios, y entonces la humanidad habrá alcanzado una verdadera etapa de progreso! Más adelante diría: “Mientras ese paso no se de, mientras esa etapa no se alcance, el mundo tiene que vivir constantemente bajo la pesadilla de verse envuelto en cualquier crisis, en una conflagración atómica. ¿Por qué? Porque hay quienes están interesados en mantener el despojo, hay quienes están interesados en mantener la explotación.” [4].

En esa lucha desigual entre las naciones pobres y las potencias mundiales que gobiernan la globalización de la economía mundial,  los pueblos subdesarrollados y en vía de desarrollo, están limitados a patrones de desarrollo exógeno, con consecuencias de crisis económica interna y dependencia tecnológica-financiera, como a tener a la mayoría de su población en la miseria, cuya responsabilidad responde al sistema social capitalista implantado, la misma que permite un alto grado de corrupción para el manejo especulativo del mercado sin control del Estado (característica del liberalismo económico que establece que, el Estado  debe «dejar hacer, dejar pasar» es decir no intervenir)[5], pretextando para ello de que “Cuando uno trabaja para sí mismo sirve a la sociedad con más eficacia que si trabaja para el interés social” [6], doctrina que justifica solapadamente la teoría irracional, de que el inicio de la civilización y desarrollo de ésta en la guerra – Ley de la jungla -, del más fuerte.

VIDA COMUNITARIA Y SOCIALISMO

Es posible la vida comunitaria entendida en nuestros tiempos como socialismo, en la satisfacción de las necesidades más elementales de la vida del hombre, en la dignificación de su vida como ser humano, la misma que no se cristaliza como un entendimiento subjetivo o meramente materialista. Ni como dogma rígido e inquebrantable, muy al margen de los ideales de convivencia social humana; sino como un razonamiento superior, sobre sus capacidades y meritos excepcionales  conllevando esto a un reconocimiento social, sin que ello signifique privilegio alguno con cierto grado de inmoralidad. Expresándose así, a cada persona según su necesidad, como a cada quien según su capacidad, en el objetivo de atender la realización plena en todos los aspectos de la vida social. No existe la igualdad pura en todas las personas, por la sencilla razón de que nadie es igual a otro.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU), institución creada para salvaguardar la paz en el planeta, nació como una expresión de sobrevivencia humana en el orbe, de respeto y dignificación de la vida del hombre en todas sus manifestaciones. Pero ello es letra muerta para los Estados Unidos y otras naciones imperialistas, que como miembros del Consejo Permanente de dicho organismo, no han suscrito ningún acuerdo, o que firmándolos se resisten a cumplir los compromisos de no agresión entre naciones, ni mucho menos están dispuestos a cumplir los acuerdos de respeto de los Derechos Humanos.

Hay que reconocer también que, los ideales que contienen los Derechos Humanos que enarbola la Organización de Naciones Unidas, son los mismos que aspira toda persona y nación del mundo para vivir en paz, las mismas que no solo que están dirigidas a conseguir la paz mundial en su sentido humano: dignificar la vida del hombre y la mujer; sino también, a preservar la vida animal y vegetal en el planeta. Estas  aspiraciones, son las mismas que persiguen los idearios socialistas, las cuales también están reflejadas en el Estado milenario de Supe con la Cultura Caral, donde el Estado está llamado a erigir las políticas económicas, en el interés superior de garantizar la realización plena del hombre.

Para poder determinar el rumbo a seguir por las lecciones de vida que nos ha dado el Estado milenario  de Supe, están la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la misma que denuncia “…que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana; (…) que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias” [7].

La Historia del desarrollo de la civilización, y la búsqueda de la paz, no solo debe ser recuerdo de las culturas ancestrales, sino debe ser replanteamientos y reconocimiento de formas de vida aplicables en la actualidad.

Con el descubrimiento de la cultura Caral, queda desterrada la teoría que justifica la guerra en el mundo, y es utilizada por el capitalismo salvaje encabezado por los Estados Unidos: “La guerra es el impulso fundamental para el nacimiento de la sociedad moderna”.

El mensaje de la cultura Caral, es que se puede lograr el desarrollo social, cultural y económico de los pueblos, en base al trabajo solidario; donde el Estado, debe ser impulsor y ejecutor de las políticas de gobierno, en  atención de toda la población, y no ser fiel escudero de un sistema social injusto.