Lee la columna de Anthony Zorrilla: Pedro Castillo quiere irse

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|ETCÉTERA.PE|: “No caigas en el autoritarismo. Apuesta el corazón de tu pueblo, permanentemente. Y cuando te equivoques, ten la honradez decir: me equivoqué, sencillamente, hubiera querido otra cosa. Juégale limpio a tu pueblo, no lo engañes(…) porque lo más importante que hay es la confianza del pueblo y es muy fácil perderla. Hay gente que se mete en el camino de la política porque les gusta pasarla bien y ese es el camino de la corrupción”.

Estas fueron las palabras que el expresidente de Uruguay, José Mujica, compartió con Pedro Castillo en un encuentro virtual durante la segunda vuelta de las elecciones generales de 2021. El encuentro se dio en un contexto en el que al candidato de Perú Libre se le pedía deslindar de la corrupción y resentimiento social de Vladimir Cerrón.

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Todos recordamos el desastre que fue la gestión de Guido Bellido al mando de la PCM, hombre de confianza de Cerrón. Cuando Castillo le pidió la renuncia a Bellido por consejo de su padre, su reemplazo significó un cambio radical en su gobierno. La elegida para presidir la PCM fue una ex congresista, luchadora social, defensora ambiental y feminista: Mirtha Vásquez. Este parecía el tan esperado deslinde con el cerronismo y una consolidación de su alianza con la socialdemocracia.

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Daniel Olivares mencionó que el Presidente, posiblemente, esté siguiendo los consejos de Mujica expresados en el llamado “encuentro de maestros”.

El gobierno parecía tener un rumbo fijo y un equilibrio. La gestión del gabinete Vásquez no fue del todo armoniosa. Recordemos que la entonces jefa de gabinete consideró renunciar al no estar de acuerdo con la permanencia de Luis Barranzuela en el Ministerio del Interior. La tensión culminó en la renuncia de Barranzuela por incumplir sus propias normas y en la designación de Avelino Guillén.

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La salida de ambos funcionarios ya ha sido comentada en este espacio. El gobierno tuvo después el gabinete más breve en su historia encabezado por Hector Valer.

Valer Pinto es, quizá, tan improvisado como él. Ha pasado por cuatro partidos en distintos procesos electorales. Él lo niega, pero los datos oficiales no mienten. Las acusaciones por maltrato a la mujer y sus constantes mentiras fueron suficiente motivo para que el Presidente lo destituya. Castillo anunció cambios en el gabinete en un mensaje a la nación en el que no admitía error alguno y le asignaba la culpa al Congreso, la prensa y sus exministros.

Quiero detenerme precisamente en este punto. Parece que Castillo no sabe elegir bien de quién seguir consejos, de qué sabiduría apoyarse para gobernar. Había empezado muy bien siguiendo los consejos de Mujica. Todo su progreso, con todo y errores, fue truncado cuando el jefe de estado decidió dejar de escuchar el video de su conversación con Mujica y seguir las indicaciones de sus asesores, el “gabinete en la sombras”, como Vásquez lo denominó.

Lo mínimo que se le pedía al Presidente tras el maltrato a los ministros que daban cierto prestigio a su gobierno era un mea culpa, un pedido de perdón, reconocer su error, que siga el consejo citado al principio de esta columna.

No fue así. En los 4 mensajes a la nación que ha dado, sin contar el mensaje inaugural por fiestas patrias, Castillo no ha reconocido sus errores, por más mínimos que sean. Es subjetivo saber si Castillo ha perdido o no la confianza del pueblo. Dicho todo esto y dada la coyuntura, vale la pena preguntarse ¿Cuál es la solución al problema? ¿La renuncia de Castillo? ¿Su vacancia? ¿Una reforma que permita destituirlo legalmente? Personalmente pienso, tal vez de manera impopular, que Castillo no debería ser destituido, ni renunciar al cargo, ni mucho menos ser vacado. No en este momento.

Estamos en un proceso de vacunación de los niños y de que éstos vuelvan a clases presenciales. Nos guste o no Castillo, viendo los evidentes y garrafales errores que comete, debemos tomar en cuenta que él representa a la institución de la presidencia. Él y sus ministros son responsables de sacar adelante los temas anteriormente mencionados.

Siendo realistas, es obvio que al Presidente no le queda mucho tiempo en su cargo. Por la experiencia vivida en el anterior quinquenio, es posible que Dina Boluarte tampoco dure más que Castillo en la presidencia.

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De ser ese el escenario, Maricarmen Alva no puede asumir la presidencia. Una persona que avala un gobierno autoritario, el de Manuel Merino, no puede estar al mando de una institución democrática ni garantizar elecciones transparentes.

Tal vez me esté adelantando a los hechos, pero en el Perú, y más en la política, hay que ser malpensados.

¿Qué hacer en ese escenario? Algo parecido a lo ocurrido tras la caída de Merino. Es decir, promover una moción de censura contra Alva y elegir una nueva mesa directiva. Quien la reemplace debe ser alguien de reconocida trayectoria profesional y política, de indudable solvencia moral y comprometido con la reforma educativa, universitaria y de transporte. Flor Pablo podría ser una opción.

Hoy Pedro Castillo juró a un nuevo gabinete presidido por Anibal Torres, un brillante abogado, pero pésimo político. Parece que con este nombramiento, el gobierno está tomando una postura de confrontación.

Además, mantiene a Alfonso Gilberto Chávarry en el Ministerio del Interior, un cuestionado coronel de la PNP con una sentencia por abuso de autoridad cuyo único mérito es ser su paisano. Parece que Castillo se cansó de ser Presidente.

Por: Anthony Zorrilla Libias – Estudiante de Ciencias de la Comunicación.