Javier Jara: “si la población no valora la naturaleza, no la protegerá” [video]

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Mañana se cumple un mes de la tragedia ecológica causada por el derrame de 11,000 barriles de petróleo en el mar de Ventanilla. Este médico veterinario, amante de los mamíferos marinos y especialista en el manejo de fauna silvestre del Serfor, continúa esforzándose para que se rehabiliten diversas especies de aves dañadas.

El 15 de enero, Javier Alfonso Jara Vila estaba a más de 3,800 metros sobre el nivel del mar, mientras el oro negro de Repsol caía en las aguas de Ventanilla. Ese día, él con sus compañeros de trabajo liberaban a Urku en San Antonio de Chaclla, un cóndor rescatado que durante más de un año fue cuidado y protegido por ellos, y por fin regresaba a su hábitat natural en la sierra del departamento de Lima.

Javier es especialista de fauna silvestre en la Administración Técnica Forestal y de Fauna Silvestre (ATFFS) de Lima, desde allí lucha contra el tráfico ilegal de la fauna silvestre tan extendido en el país y también responde al llamado de las personas que reportan la existencia de animalitos no domésticos como monitos y aves, hasta serpientes que están en situación de peligro, para rescatarlos, cuidarlos hasta devolverlos a su hogar natural.

Como médico veterinario integra un equipo de expertos en el manejo de fauna silvestre. La institución donde laboran pertenece al Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor). Ellos fueron responsables, por ejemplo, del rescate del zorrito Run Run en noviembre del año pasado y su proceso de rehabilitación. Sin embargo, desde el 17 de enero está viviendo un momento diferente, dice.

“No tiene que ver con el diseño de estrategias para contrarrestar el tráfico ilegal de nuestra fauna silvestre ni con la protección de especies en peligro, sino con el comportamiento humano que no protege el recurso natural. Este error lo estamos pagando con la vida de muchas especies. Pero es cierto que si la población desconoce el valor de la naturaleza, no la protegerá. Muchos vecinos de Ventanilla no sabían que allí había un ecosistema con una colonia de 1,000 gaviotas de Franklin, por ejemplo”, cuenta.

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Indignación y rabia

Ese lunes 17 confirmó lo que imaginó luego de escuchar los noticieros dominicales: ver centenares de aves muertas y un gran lodo negro cubriendo las playas. Esto no debió ocurrir, las consecuencias serán lamentables. Su mente iba a mil por hora, la rabia se convertía en indignación y su corazón se aceleraba. La remediación tomará años, reconocía.

Pero a este hombre de poco hablar, de sentimientos controlados mientras va contando lo vivido, no se le quebranta su vocación de salvar la vida de estos anónimos animalitos. A diario acude a los puntos de acopio que han instalado en las playas Cavero, Las Conchitas y Ancón, en donde refugian a pingüinos de Humboldt, guanayes, piqueros, zarcillos, gaviotas y a los gaviotines que van encontrando. “Los rehidratamos con suero, vemos sus condiciones físicas, revisamos sus alas. Luego los llevamos al Parque de las Leyendas para atenderlos”.

Es difícil. El 50% de las aves rescatadas han fallecido por hipotermia, porque se alimentaron con recursos marinos contaminados por el petróleo o por estrés. Javier confiesa que la indignación no ha disminuido su intensidad y lo acompañará “hasta que acabe todo”. Pero no sabe cuándo. Se entiende su enojo. Creció rodeado de gatos, perros, pollitos, gallinas hasta de pavos, su familia los criaba como mascotas. Eran como sus hermanos menores.

“La mejor manera de proteger a la fauna silvestre es conservando su entorno, su ecosistema. Espero que esta tragedia ambiental que ha ocurrido en Lima sirva para entender lo que está ocurriendo en nuestra Amazonía”, reflexiona.

(FIN) DOP