El “Ulises” de James Joyce: Cien años de una “obra cómica” que revolucionó la literatura

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Huaral Pe

Desmenuzado por críticos y escritores, analizado en cursos universitarios de literatura, traducido a varios idiomas (en español hay cinco), elogiado por quienes lograron abrirse camino entre sus páginas y maldecido por quienes aceptaron no poder acabarlo: “Ulises”, la novela que James Joyce publicó un 2 de febrero como hoy (que es también el día de su cumpleaños), celebra su centenario.

Empezó a escribirla en 1914, en pleno estallido de la Primera Guerra Mundial y luego de haber publicado, ese mismo año, su colección de cuentos “Dublineses” y su novela “Retrato del artista adolescente”, que salió primero en entregas seriadas para el diario londinense The Egoist, y luego como libro en 1916. Joyce llevaba una década fuera de su natal Dublín (Irlanda), pero su ciudad se había convertido en una de sus obsesiones literarias.

Por las calles de la capital irlandesa circulan los personajes del “Ulises” —cuyos protagonistas son Stephen Dedalus, Leopoldo Bloom y su esposa Molly— a lo largo de un día: el 16 de junio de 1904. El primer capítulo salió a la luz en 1918, en la revista The Little Review que iría publicando el resto de manera serializada hasta que Sylvia Beach, editora y propietaria de la librería parisina Shakespeare & CO., tuviera el arrojo de lanzarlo íntegro en 1922.

Lucha contra la censura

Para 1922, James Joyce ya era una figura polémica en el mundo de las letras. Había sorteado la censura contra su libro de cuentos y su primera novela, pero tendría que enfrentarla de nuevo con su obra maestra. En Inglaterra y Estados Unidos se consideró ilegal su venta y distribución, y varios medios la calificaron de obscena y pornógrafa. En Dublín, un diario llegó a afirmar que “leer ‘Ulises’ es un pecado contra el Espíritu Santo”, uno “sin perdón de Dios”.

Sin embargo, las revistas de “carácter feminista” y vanguardia que apostaron por publicar la obra del escritor irlandés por entregas estaban capitaneadas por editoras audaces (Harriet Weaver y Margaret Anderson) que vieron “el valor del ‘Ulises’”, según recordó el crítico Paolo de Lima a RPP Noticias. “Hubo un decomiso de las revistas y los abogados se peleaban con las editoras, que se sentían felices de interpelar al patriarcado”, apuntó.

“Nausicaa” fue el capítulo que produjo el escándalo y posterior intento de silenciamiento del libro. Las acciones legales emprendidas por John S Sumner, el puritano secretario de la Sociedad de Nueva York para la Supresión del Vicio, contra la ficción surgieron luego de que su hija le advirtiera que había leído cómo un personaje —Leopoldo Bloom— se masturbaba en una playa al atisbar las bragas de una bañista.

Pero Margaret Anderson, directora de The Little Review, no dio su brazo a torcer y alentó la publicación del “Ulises” en las páginas de su medio. Y tras bastidores, lo mismo hizo el poeta Ezra Pound, quien emprendió una cruzada a través de cartas con editores estadounidenses e ingleses para que la obra mayor de Joyce pudiera ver la luz. Tras 12 años, en 1934, el juez neoyorquino John Woolsey dictaminó la libre circulación de la novela.

La historia de esta lucha, en la que estuvieron involucradas editoras, poetas, escritores, entre otros artistas, y que significó todo un precedente para la libertad del creador en el siglo XX, se encuentra recogida en “El libro más peligroso. James Joyce y la batalla por Ulises”, escrita por el crítico Kevin Birmingham.

“Ulises”, difícil y errante

Durante cien años, el “Ulises” ha debido cargar con el sambenito de libro difícil. En efecto, es impenetrable para cualquiera que desee leerlo sin tener un conocimiento literario que le permita captar las innovaciones técnicas y su variedad de registros estilísticos, que recoge desde la oralidad irlandesa de principios de siglo hasta el monólogo interior, las preguntas y respuestas del catecismo, los titulares de periódicos, entre otros.

Su lectura resulta complicada aun para el lector preparado que intente penetrar en sus sutilezas, sus private jokes, sus referencias clásicas —el título de la novela se debe al héroe homérico de “Odisea”—, sus parodias e intertextualidades. No era gratuito, por ello, que William Faulkner aconsejara abordar la novela “como el predicador bautista iletrado se acerca al Antiguo Testamento: con fe”, aunque cabría agregar que con cierta ayuda bibliográfica.

Consciente de su dificultad, el autor, según recordó De Lima, escribió un esquema en los que contaba el “Ulises” capítulo a capítulo, y alentó la publicación de guías parecidas. Una labor así han hecho otros críticos y escritores, como el traductor José María Valverde en su introducción a la novela, el escritor Vladimir Nabokov en sus “Clases de literatura europea” y, en nuestro continente, el argentino Carlos Gamerro con su “Ulises. Claves de lectura”.

Cien años después de su publicación, la crítica también continúa discutiendo aspectos controversiales de la novela. Entre ellos, según apuntó el escritor y traductor Carlos Arámbulo a RPP Noticias, está “la fijación del texto [final] de ‘Ulises’” dada la cantidad de ediciones llenas de errores, en las que está incluida la primera. El mismo Joyce diagnosticó estos deslices y, junto con otros traductores, preparó una edición en francés que se pretendía libre de fallas.

No obstante, esa versión también estuvo afectada por incorrecciones que no tardaron en ser advertidas por otros estudiosos. En 1984, de acuerdo con Arámbulo, el profesor Hans Walter Gabler preparó una edición revisada, que cotejaba las anteriores y parecía ser la definitiva, pero tampoco está libre de objeciones. Un debate que también se ha trasladado a las traducciones y daría, sin duda, para cien años más.

“Lo curioso es que este libro que tiene el nombre de un marino errante termina siendo un texto errante, que todavía no encuentra una costa y está buscando su propio cierre textual, su propia escritura final”, señaló el autor peruano.

Cómico y profundo

En “Conversaciones con James Joyce”, Arthur Power, un amigo íntimo del autor irlandés, registra una declaración en la que Joyce consideraba a su “Ulises” como “una obra cómica”. Una valoración que también fue compartida por la crítica, como hizo el crítico estadounidense Edmund Wilson al reseñar la novela en 1922: “La única pregunta ahora es si Joyce alguna vez escribirá una obra maestra trágica para compararla con esta cómica”.

¿De qué se reía James Joyce en su “Ulises”? Carlos Arámbulo aseveró que “de nosotros, de él mismo, de Irlanda, de lo sublime y pomposos que podemos ser”. Y agregó que, su humor desciende y bebe de la tradición humorística de Occidente que cultivó el francés François Rabelais en el siglo XV con su “Gargantúa y Pantagruel” y el autor dieciochesco Laurence Sterne en su libro “Tristram Shandy”.

“La risa de Joyce tiene esta combinación e insolencia rabelesiana con la penetración psicológica de alguien que nace a principios del XX, y esta sutileza y gusto por el lenguaje bien escrito de Sterne”, reflexionó el escritor. Y acotó que la comicidad en la novela se construye también bajo la memoria auditiva del autor dublinés, quien hacía resonar una palabra entre una página y otra. “Es una forma de reírse del lenguaje mismo y del sentido”, indicó.

En diálogo con esta comicidad se halla la profundidad de James Joyce para explorar “la psique de la condición humana”, detalló Arámbulo: empresa que ya había empezado a hacer Gustave Flaubert en el siglo XIX con su novela “Bouvard y Pecuchet” y que en el “Ulises” encuentra un correlato al enfrentar “los pensamientos, las ideas y las cosas que están reprimidas” con una “absoluta sinceridad”. “El libro es una versión del examen de conciencia diario”, sostuvo.

Asimismo, la novela tiene una dimensión política, según Paolo de Lima, pues plantea “un choque contra Inglaterra” al haber, en uno de sus capítulos, arengas contra la reina de Gran Bretaña por parte de nacionalistas irlandeses. A este carácter anticolonial, se suma el enciclopédico y humanístico que Joyce busca reflejar al tratar “la falta de mito en el mundo contemporáneo”. “De ahí su intertextualidad con la ‘Odisea’”, indicó el docente de la Universidad de Lima.

James Joyce y el Perú

En el Perú, la obra de James Joyce también alcanzó a deslumbrar a nuestros pensadores y escritores. En los años 50, José Carlos Mariátegui le dedicaba artículos en su revista Amauta, mientras que años más tarde críticos importantes, como Estuardo Núñez, Víctor Llona, Yolanda Westphalen, Julio Ortega y Ricardo González Vigil, preparaban ensayos sobre el «Ulises» y daban cuenta de su grandeza.

Los narradores también fueron difusores de la novela del irlandés y existen textos de Luis Loayza, Mario Vargas Llosa, Carlos E. Zavaleta y Miguel Gutiérrez en los que profesan su admiración por la novela más influyente de habla inglesa en el siglo XX. De todos estos asedios críticos, Paolo de Lima anunció a RPP Noticias que alista un libro que los reunirá con notas suyas y un prólogo, y que lleva el título tentativo de «Sobre el Ulises de Joyce».

Además, desde el lado editorial, hubo recientes publicaciones que rescataron la obra de Joyce para los lectores peruanos. Carlos Arámbulo, por ejemplo, tradujo su  «Poesía completa» para la editorial Campo Letrado, mientras que Colmena Editores publicó el año pasado la traducción y notas que el poeta mexicano Juan Díaz Victoria hizo de los cuatro primeros capítulos del «Finnegans Wake», considerado el libro más complicado del autor que revolucionó la literatura hace cien años.

El dato

Este miércoles 2 de febrero, en la librería Vallejo, ubicada en la avenida Camino Real 1119, San Isidro, se llevará a cabo un conversatorio sobre el «Ulises» de James Joyce, en la que participan Paolo de Lima, Manuel Terrones y Judith Paredes. La cita es a las 7 p.m.

Posteriormente, a las 8 p.m., se inaugurará la muestra «Always Molly» de Borka Sattler que se complementará con una performance cuyos detalles se conocerán en el evento.

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