El Perú: problemas y posibilidades

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POR: VICENTE ANTONIO ZEBALLOS SALINAS  

La incertidumbre no se desapega, el contexto político incierto, indecisiones y vacíos de Gobierno, son la radiografía política del momento, que podemos reseñarla en tres últimos actos: uno, exposiciones consecutivas de entrevistas al presidente; dos, Twitter de renovación del Gabinete; y tres, breve mensaje al país, asumiendo recomposición del Gabinete; y en las tres escenas el presidente se muestre endeble, limitado y sin liderazgo y aún más, intentando mostrar solvencia, no hace más que evidenciar carencia de humildad para asumir hidalgamente los errores, falencias y a partir de allí, rectificaciones ante una sigilosa ciudadanía. Ya no es la oposición política o el obstruccionismo parlamentario, sino las propias limitaciones y autogoles de gestión, que evidencian las limitaciones para un óptimo y decente ejercicio de gobierno.

Si bien en el contexto en que el presidente Castillo es elegido y aún en las primeras semanas a su juramentación, trataron de empañar su legitimidad alegándose “fraude electoral”, que ni instancias locales o internacionales admitieron, quedándose reducidas a voces aisladas, más reflejo visceral que justificado; es indiscutible bajo los parámetros de transparencia e imparcialidad, y aún con el estrecho margen diferencial de votos, que se tratara de un proceso electoral amañado.

Despejado el contraste, de inmediato el Gobierno tiene en atención prioritaria, dentro de la circunstancia ineludible de la pandemia, la salud y la economía, y se encuentra con respuestas sobre la mesa: un sistema de salud más sólido y un proceso de vacunación bastante ordenado; en tanto, en materia económica, la demanda y el incremento de precios de los recursos minerales en los mercados internacionales, nos permiten tener cierta solvencia, poniéndose como evidencia que la OCDE acaba de invitar a nuestro país a iniciar el proceso de adhesión. Es decir, se proponía la coyuntura para hacer verdadera política, construir los consensos básicos que pudieran reorientar las políticas públicas, para contrarrestar esa desazón que deja la pandemia sobre los ciudadanos y frente a un Estado, limitado e incapaz de atender sus demandas sociales más elementales.

Sin tocar el timbre de la oposición, ni de esa persistente y sistemática línea editorial de algunos medios, los yerros y traspiés son del propio gobierno, decisiones insostenibles, designaciones incomprensibles, ausencia de deslinde contundente y con acciones respecto a la corrupción, indefiniciones o no respuestas inmediatas de posicionamiento político de gobierno, parecen un sello particular y al que se le pone esmero.

Sólo en estos días: destitución del Procurador General, que más allá de lo administrativo, cuenta también la oportunidad, pues la procuraduría había denunciado al presidente Castillo; la remoción de Susana Silva del INPE, en el innegable compromiso público del presidente para indultar a Antauro Humala;  las marchas y contramarchas en cuanto a Repsol, por los derrames petroleros, que evidencian ausencia de autoridad; la falta de oportunidad y prioridad en atender los contenciosos al interior del MININTER, instancia rectora de la seguridad ciudadana, confundido con el estado de emergencia para Lima y Callao y el levantamiento del toque de queda; y ni que decir de la designación del último Gabinete, que no llego al tercer día de ejercicio y menos a presentarse ante el Congreso. No son temas colocados ante el escrutinio público por los “enemigos” del gobierno, sino es el propio Ejecutivo quien se descoloca ante la opinión pública.

Y el panorama se muestra sombrío. El Tribunal Constitucional, acaba de votar la demanda sobre la inconstitucionalidad de la ley de cuestión de confianza, interpuesta por el Gobierno, resolviendo por que se declare infundada; igual destino tendrá la demanda sobre la ley que regula el referéndum para reformas constitucionales, que fue bandera de su propuesta política. El parlamento seguirá aprobando iniciativas legales, limitando el accionar político del Gobierno sin oposición alguna en el frente interno con un Tribunal Constitucional obsecuente ante demandas futuras.

El Ministerio Público, es un servidor recurrente ante los fueros palaciegos, a pesar que disponga suspender las investigaciones hasta que el presidente Castillo deje el cargo. La Contraloría General, muy presta y ágil para informar con la inmediatez que quisiéramos siempre, sobre designaciones realizadas por el Ejecutivo. La Defensoría del Pueblo, muy acuciosa en sus pronunciamientos, tratando de llamar a la conciencia ciudadana sobre decisiones gubernamentales.

La soledad acecha al presidente, el partido que lo encumbró está alejado no divorciado, los apoyos de los grupos políticos de izquierda se distanciaron y públicamente plantean rectificaciones, el sector pensante no partidarizado, hace buen tiempo que decidió rumbo crítico. La ciudadanía, si bien no se manifiesta en la magnitud que otros momentos la mostraron, no es que sea complaciente ni cómplice, sino que se muestra cauta, atenta a la evolución del acontecer político sin renunciar a sus valores democráticos y advertida de la ausencia de liderazgos paralelos y alternativos.

Ante la disyuntiva presente, se han planteado alternativas jurídicas y políticas: la renuncia, la vacancia o la acusación constitucional; la primera está en el fuero presidencial, las otras en las decisiones del Congreso, que ya se anunciaron.

Aun siendo criticas las circunstancias políticas que compartimos como país, y que lamentamos, porque aún hay una agenda urgente que atender, cual es la pandemia y en cuya atención no debemos distraernos, no debemos renunciar a nuestra institucionalidad democrática, partiendo por el respeto al orden constitucional, y esa responsabilidad mayor recae en el propio presidente.

Es determinante, diríamos crucial la designación de su próximo gabinete, que responda a un propósito de enmienda por parte del presidente, instituyendo un Gabinete competente, trasmitiendo confianza y legitima expectativa, que no signifique respuesta a sectores opositores, sino que reivindique la ruta que permitió elegir este nuevo gobierno, con justicia social, igualdad y dignidad para cada peruano sin distingo alguno. Un Gabinete con un protagonismo propio, y que no sea ninguneado por el presidente.

Estamos en una situación límite, cada quien tiene una cuota de responsabilidad, unos más que otros, pero en estos difíciles momentos, se le reclama al presidente sabias decisiones, un actuar de estadista en la que no cabe excusa alguna, para eso fue elegido.

En 1931 nuestro ilustre historiador tacneño escribía “El Perú es un problema, pero también es una posibilidad”, en perfecta alusión a la capacidad de nuestro país para reponerse de los innumerables problemas que lo han afligido, y transcurridos 200 años de vida Republicana, aún en la profundidad de la brecha de desencuentros, estamos convocados y comprometidos a apuntalar nuestra democracia y sus instituciones.