El automóvil eléctrico

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POR GONZALO ZEGARRA MULANOVICH
POR GONZALO ZEGARRA MULANOVICH

Madrid.- “Al principio no me lo quería comprar porque me parecía una mariconada de coche, pero la verdad es que funciona muy bien”, responde el muy idiosincrásico taxista al que hemos preguntado cómo le va con su Toyota Prius, automóvil híbrido (a electricidad y combustible) que se vende incluso en Lima hace un par de años. Estoy acá invitado por Endesa (matriz de Edelnor, Edegel y Eepsa en el Perú) para conocer sus iniciativas corporativas medioambientales, una de las cuales es la promoción de la automoción eléctrica.

Pero lo que hemos venido a ver es la generación siguiente –podríamos decir– del Prius y de los demás híbridos. El primer auto 100% eléctrico de su tipo que se vende en Madrid –¿pronto en Lima?– es el Nissan Leaf.  Lo pruebo con cierta cautela por las calles madrileñas y la experiencia resulta asombrosa. Como no soy un gran conocedor, debo confesar que en el manejo lo que más me impresiona es la ausencia de ruido (no hay explosión en el arranque). En todo lo demás, es como manejar un automático cualquiera, incluso la aceleración es bastante buena (llega a unos 130 km por hora, aunque evidentemente yo no alcancé esa velocidad). Suena a poco, pero si se tiene en cuenta que por ahora está pensado para ser solamente un auto de ciudad, no de carretera, la limitación ya no resulta frustrante. Y la razón principal de que no sea un auto para largas distancias es que su “autonomía” es todavía incipiente. Una recarga completa –el equivalente eléctrico a “llenar el tanque”– alcanza para unos 145 km aproximadamente, dependiendo de si se usa aire acondicionado y de si se pone el auto en modalidad “eco”. La recarga toma ocho horas si se hace en casa (típicamente de un día para otro) y unos 30 minutos en la calle, en los 546 dispensadores eléctricos que Endesa (al igual que otras empresas eléctricas) está instalando a lo largo de Madrid, Barcelona y Sevilla.

Y decía que la experiencia fue asombrosa no tanto por estos detalles operativos, sino por lo rápido que el mundo está desarrollando la automoción 100% eléctrica. Hace apenas dos años estábamos en híbridos principalmente a combustible. Y recuerdo que tan sólo hace cuatro, cuando visité Australia a propósito de APEC y participé en un conversatorio con importantes personalidades de la zona, varias de ellas hablaban de estos prototipos como una esperanzadora opción ante el cambio climático, que sin embargo se veía como un lejano sueño. Hoy su versión primigenia, que sin duda tiene muchas deficiencias –incluso ambientales–, ya circula por Europa.

Ahora bien, la crisis sin duda dificultará la masificación de estos vehículos, que son ligeramente más caros (20% aproximádamente en promedio) que sus equivalentes a combustible. En cualquier caso, a diferencia de los teléfonos celulares, por ejemplo, ésta es una sustitución tecnológica que por su naturaleza toma varios años, y por eso se prevé que recién para el 2020 tengan una participación importante. Entre tanto, a pesar de los recortes fiscales, la compra de los eléctricos no ha dejado de recibir subsidios y ayudas estatales y municipales, en particular para los taxistas. Y es que, “cuando nosotros compramos un coche, luego todo el mundo lo hace, porque dicen: si a ellos les funciona, debe ser bueno”, concluye el taxista madrileño citado al inicio.