Dióxido de cloro, Ivermectina y otras falsas curas para combatir el Covid-19

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En medio de la incertidumbre por la crisis sanitaria, muchos ‘remedios’ se popularizaron en América Latina para lidiar con la enfermedad. El dióxido de cloro es uno de los más populares. Esta sustancia, hecha a base de clorito de sodio y vendida como la cura contra casi todo tipo de dolencia, no tiene un respaldo científico y tampoco sirve para combatir el coronavirus.

Desde el dióxido de cloro, la Ivermectina, la Hidroxicloroquina, el metanol, el etanol hasta el té de moringa, de jengibre y el Arsenicum Album. Estos y muchos otros fármacos y remedios naturales han sido impulsados por comerciantes, políticos y por aquellos que ponen toda su fe en lo que les ofrece la naturaleza para combatir el Covid-19, pero no hay bases científicas que soporten la efectividad de estos tratamientos. 

En América Latina, la Ivermectina se puede comprar sin fórmula médica e incluso hay personas que comercializan con el dióxido de cloro y lo llevan a domicilio. A pesar de tener varias vacunas contra el coronavirus ya desarrolladas, mientras llega el turno de la inoculación muchos siguen en la búsqueda de estas sustancias con la esperanza de combatir los síntomas graves del virus.

Las inoculaciones a la población contra el Covid-19 han sido lentas y dispares en varios países de la región. Pero a pesar de que la cura para el virus ya es real, entre familiares o grupos de amigos siguen apostando por otras opciones para no contagiarse. Sin embargo, ninguno de estos ha sido aprobado por los organismos sanitarios internacionales. Estas y otras creencias ganaron la fuerza suficiente como para que miles sigan consumiendo sustancias que no cuentan con un aval científico y pueden llegar a representar una seria amenaza para la salud. 

Dióxido de cloro, vendido como el tratamiento “milagroso”

El dióxido de cloro (CIO2) es también llamado “solución mineral milagrosa”, MMS (Miracle Mineral Solution en inglés) o CDS (Chlorine Dioxide Solution) y básicamente es la mezcla de clorito de sodio en agua destilada con un ácido que puede ser el jugo de un limón y que, al tomarse, se convierte en un agente oxidante que aparentemente destruye bacterias y patógenos en el organismo humano.

El CIO2 también es una sustancia utilizada como desinfectante o blanqueador en la industria textil o papelera.

Cuando el Covid-19 empezó a circular por América Latina, anuncios promocionando el dióxido de cloro no tardaron en aparecer en redes sociales. La sustancia empezó a ganar adeptos en Ecuador, pese a que las autoridades sanitarias lo desaconsejaron por no tener evidencia científica de su efectividad y por su efecto tóxico.

A Colombia también llegó la supuesta cura “milagrosa” contra el coronavirus para aquellos que buscaban un remedio sencillo y barato. Sin embargo, la fama de las “goticas milagrosas”, como muchos las llaman, viene de tiempo atrás. En 2015, varios medios ya titulaban al dióxido de cloro como el “peligroso químico que se vende como cura para todo”. Incluso, una falsa iglesia llamada “Génesis II de la Salud y la Sanación” con presencia en América Latina fue desmantelada por las autoridades en Colombia. Sus creadores, varios miembros de una misma familia estadounidense, fueron acusados por la Fiscalía de Estados Unidos de vender dióxido de cloro bajo la sombra de una iglesia para evitar la regulación gubernamental de la sustancia.

En Argentina, Andreas Ludwig Kalcker, un alemán que se presenta como investigador en biofísica y descubridor de la «solución milagrosa» para el Covid-19, fue denunciado por promover el consumo de dióxido de cloro en pequeñas dosis bajo el pretexto de que traería beneficios para la salud. Sin embargo, lo que la sustancia ha traído hasta ahora en este país es la muerte de un menor de 5 años y un hombre de 50 años.

Kalcker ha viajado por varios países en América Latina dictando talleres y conferencias sobre los beneficios del CIO2. Según dijo en uno de sus videos, él y su equipo han sido perseguidos por una “nueva inquisición” en la que Amazon eliminó su libro sobre el MMS, Paypal bloqueó sus cuentas y Youtube borró su canal personal.

A pesar de estas denuncias, en Bolivia, el presidente Luis Arce felicitó a una universidad pública por haber producido dióxido de cloro para tratar el Covid-19, pese a las alertas sobre su uso hechas por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Según el portal investigativo alemán ‘Correctiv’, las autoridades sanitarias germanas han estado advirtiendo durante años sobre la ingesta de soluciones hechas con cloro. Además, la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA en inglés) advirtió contra su consumo en diciembre de 2019 y escribió que las promesas de una supuesta cura para el autismo, el cáncer, el VIH, la hepatitis, la gripe u otras enfermedades eran falsas.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Médica Colegial de España también han rechazado las afirmaciones y aseguran que no hay evidencia de que el dióxido de cloro sea eficaz como tratamiento para el coronavirus o cualquier enfermedad.

¿Por qué no hay que creer todo lo que dicen sobre el dióxido de cloro y otras supuestas curas?

La guerra contra el Covid-19 ha dejado un poco más de 2,5 millones de muertos en el mundo. Durante los primeros meses, el planeta empezó a seguir las recomendaciones de la OMS, autoridades médicas y científicas para evitar contagiarse con este virus microscópico.

A pesar de todos los consejos, muchos decidieron poner su fe en remedios como el dióxido de cloro o incluso medicamentos como la Ivermectina y la medicina homeopática con la esperanza de alejar al coronavirus de sus sistemas inmunes.

En esta guerra contra los microorganismos, es normal que la gente tenga pánico y quiera vacunarse lo más rápido posible. Y ante tanta ansiedad, también hay muchos incrédulos con la inoculación y prefieren vivir en el aislamiento tomando “goticas milagrosas” o remedios para subir las defensas.

“Desde hace mucho tiempo se le han atribuido muchas propiedades al dióxido de cloro: que mejora el rendimiento y la capacidad del sistema inmune. Pero, en realidad, no hay medicamentos que destruyan todo: virus; bacterias, hongos y parásitos, porque se perdería la especificidad del medicamento. Hablar de remedios ‘milagrosos’ de amplio espectro no es lo correcto por eso mismo”, asegura Lucy Gabriela Delgado, profesora de Inmunotoxicología de la Universidad Nacional de Colombia.

Por otro lado, hay muchos defensores de la Ivermectina, el antiparasitario cuya eficacia contra el Covid-19 no está científicamente demostrada. Este medicamento, que se usa para tratar infecciones por parásitos e incluso la infestación de piojos de la cabeza, pubis y la sarna, se popularizó en América Latina para tratar el coronavirus. En varios países se puede comprar sin ninguna prescripción médica, así que muchos han aprovechado para tomarlo creyendo que crea una capa protectora contra el virus en el organismo.

Pero la verdad es que sobre la Ivermectina “hasta ahora hay evidencia incompleta o no concluyente que permita dar un paso hacia estudios clínicos un poco más completos”, dice la académica.

En esta región, la creencia latente en otro medicamento que no sea la vacuna contra el Covid-19, Delgado la resume de la siguiente manera: “Se trata de remedios sencillos y baratos que se promocionan como una cura para el virus, pero también es algo que se aprovecha de nuestra idiosincrasia y bajo nivel de apropiación social de conocimiento. En países como los nuestros, la ciencia a veces no tiene una adherencia significativa, por lo tanto es mas fácil hacerle caso a una figura pública que no tiene suficiente conocimiento, que un científico sea visto como un referente, aún sabiendo que es una autoridad en el tema”.

Para el doctor José Millán Oñate, presidente de la Asociación Colombiana de Infectología, ante una situación desesperada en el mundo, “es normal que la gente quiera buscar alternativas terapéuticas para evitar ser atacado por el coronavirus, sin embargo, ese desespero hizo que la información sobre el dióxido de cloro y la Ivermectina se difundiera rápidamente en redes sociales (…)  El consumo del primero puede ser tóxico para el organismo y ocasionar complicaciones o incluso la muerte. Y respecto al segundo, aún no se ha demostrado que tenga un papel protector o de prevención”.

Y si ningún organismo sanitario en el mundo recomienda el dióxido de cloro ni la Ivermectina para combatir el Covid-19, ¿qué pasa con la medicina homeopática a la que muchos recurren también en estos tiempos sombríos? El doctor Germán Benítez, profesor de medicina homeopática en varias universidades en Bogotá, pone el ejemplo de India, país con 1.350 millones de habitantes y que actualmente registra 157.248 muertes por coronavirus. Allí consumen tres tipos de tratamientos tradicionales: la medicina ayurvédica, la homeopática y la unani. Uno de los remedios más populares en el país asiático es el Arsenicum Album. Y aunque muchos sostienen que es por este tipo de tratamientos que India tiene mejores números que, por ejemplo Estados Unidos, la ciencia no lo respalda. 

Fuente: France 24