Conoce más sobre la fundación y evolución de Lima, según Porras Barrenechea

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Huaral Pe

Lima cumplió 487 años de fundada. Para comprender mejor nuestra ciudad, me animé —por consejo de un amigo— a leer al historiador Raúl Porras Barrenechea. Su libro, “Pequeña Antología de Lima”, escrito en Madrid en 1935 por el 400 aniversario de la ciudad, describe, con amena prosa, la historia de la capital.

En esta obra, el historiador peruano también reúne importantes e inéditos escritos de escritores como Ricardo Palma, García Calderón, José Riva Agüero entre otros. Porras Barrenechea, cuenta datos poco conocidos de cómo fue la elección de Lima como capital y su fundación el 18 de enero de 1535.

Antes que Lima, Francisco Pizarro pensó en Jauja como ciudad para asentar su ejército. Para entonces, el conquistador había ejecutado a Atahualpa en Cajamarca y se dirigió a Cusco. Lejos de Piura, primera ciudad que funda cerca de su desembarco, llegó a Jauja para “establecer una población que sirviera de centro de sus conquistas”.

Sin embargo, su Cabildo le advirtió que Jauja no era el lugar adecuado para fundar lo que sería la futura capital del Perú. Jauja fue considerado “un valle frío y de muchas nieves” y “no se podían criar puercos ni yeguas ni aves por razón de las muchas frialdades y esterilidad de la tierra”, según lo señaló el Cabildo.

Pizarro decide el traslado de la ciudad a la costa, y envía a tres de sus comisionados, expertos en fundación de pueblos, quienes juzgan lo que sería Lima, como un lugar “sano y airoso con buenas salidas y tierras para labrar y abundancia de leña”.

Pizarro acepta la recomendación y funda Lima el 18 de enero de 1535, con el nombre de Ciudad de los Reyes, en honor a los monarcas españoles. En ese entonces, la ciudad de Lima era la cabeza o centro del virreinato, comprendido desde Quito hasta Chile.

En 1537, el rey Carlos V envío un escudo celeste con tres coronas como símbolo de realeza y en honor a los Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltazar, con dos águilas conocidos también en nuestra ciudad como gallinazos, y una estrella que, como dice la tradición cristiana, guiaría su destino hacia Jesús, el Salvador.

En el siglo XVII, Lima vivió una gran religiosidad estimulada por ejemplos de santidad: Santa Rosa de Lima, la primera flor de santidad de América, San Francisco Solano, sacerdote español que trabajó tierras americanas, el mulato fray Martín de Porres y Santo Toribio de Mogrovejo, arzobispo de Lima y organizador de la iglesia virreinal.

En ese entonces, “los puntos de avance en la ciudad, los marcaba las iglesias”, señala el historiador peruano. Pero, Lima no solo sería un referente espiritual, sino que se convertiría en “la feria comercial más importante de las colonias, donde llegaban mercaderías de Europa y se distribuían a toda Sudamérica”, comenta.

En el siglo XVIII, la saya de la tapada limeña y su manto, dejaba al descubierto un solo ojo y presumía la gracia oculta del rostro. No en vano, para Porras Barrenechea, el personaje central de este siglo fue la Perricholi, pareja del Virrey Amat, conocido como el virrey del placer, quien edificaría la plaza de Toros y sacó a los jesuitas.

Ya en la Lima Republicana, el boom del guano vino “a redimir a la capital de su largo periodo de estancamiento”. El presidente Castilla desarrolló el ferrocarril que unió Lima al puerto del Callao, así como los servicios de agua y alumbrado de calles. En 1870, Lima recibiría un segundo impulso.

El presidente Balta logra el permiso para demoler las murallas levantadas por el Duque de Palata, que detenían al crecimiento de la población y fueron reemplazarlas por anchas vías de circulación. El presidente Piérola prolonga el área histórica de la ciudad e inaugura dos arterias: el Paseo Colón y la Av. Colmena.

Durante el gobierno de Leguía, Lima vivió una importante modernización. El área de la ciudad se abrió hacia el sur. “Amplias avenidas de asfalto unen Lima con el Callao. La Punta, Miraflores, Chorrillos, Magdalena, Chosica y demás suburbios de Lima”, explica este historiador peruano.

Como lo señala Porras Barrenechea, la ciudad tuvo genios tutelares que la levantaron de sus humildes cimientos, le otorgaron títulos de nobleza o lograron grandeza arquitectónica. Según el destacado historiador peruano, Francisco Pizarro fue el Júpiter, el primero de todos.

En casi quinientos años de creada Lima, detengámonos en su fundador: un audaz y aventurero conquistador. Que Pizarro nos ayude a no olvidar el porvenir de nuestra grande y alborotada ciudad, que necesita de orden, seguridad y planificación. Que la estrella, presente en la heráldica del escudo limeño, nos guíe en este desafío.

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Huaral Pe