Como afrontar la invasión de quejas en la oficina

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En muchas ocasiones, un mecanismo de desahogo es la queja, es que en su vertiente más positiva se puede convertir en un aviso para expresar un malestar. Pero, si no quiere convertirse en el típico quejica que lleva al traste el trabajo en equipo, recurra a la coherencia en sus planteamientos y ofrezca soluciones como la mejor herramienta para conseguir sus objetivos.

Debemos tener en cuenta que quejarse se puede convertir en un hábito muy nocivo para sudesarrollo profesional. Si adopta esta actitud de manera recurrente, con o sin justificación, y no acepta la solución esto hace un flaco favor a su productividad.

Esto lamentarse requiere un esfuerzo nada desdeñable que puede dedicar a otras actividades profesionales, por ejemplo, a la búsqueda de soluciones que alivien aquello que, a su parecer, merece algún tipo de demanda.

– Protestar pero con cabeza: La queja es una protesta que tiene parte de razón. El quejica es la reiteración de esta última, algo que nunca hay que confundir. La primera se tramita, para bien o para mal; pero cuando el problema tiene que ver con una actitud personal es un problema de fondo que la organización debe gestionar.

Si tiene a su cargo un equipo en el que se presenta alguna de estas situaciones es conveniente que esté alerta porque, como añade este experto, “una queja sin resolver puede suponer lapérdida de talento.

En cualquier caso afinar la gestión de personas es la clave para evitar estos nubarrones que pueden enturbiar el clima laboral. Aunque las protestas hayan sido originadas por verdaderas situaciones que no son como deben ser, el problema surge cuando se lanzan sin precisión y no alcanzan sus objetivos o se centran en un propósito equivocado. Estas quejas mal canalizadas pueden ser desplazadas, desproporcionadas o gestos fáciles. Una triada que no lleva a buen fin.

En las empresas, el error de no canalizar de formar correcta aquello que nos preocupa: Solucionar los problemas del mundo llevaría un tiempo infinito, pero analizarlos correctamente nos costaría otro tanto.

De ahí que lancemos prematuramente la mayoría de nuestras quejas sin haberlas madurado lo suficiente. ¿Se identifica? En estos casos es cuando pensar dos veces merece la pena.

– Cómo sacar partido de un quejica: En este caso, una queja no gestionada tiene como consecuencia un empleado quejica que puede intoxicar al resto, porque las protestas, como los rumores, son altamente contagiosas. Para evitar males mayores, es recomendable enseñar al que protesta, y la primera fase para ese aprendizaje es hablar con ello del asunto que les preocupa.

Debemos tener cuidado con pasar por alto a aquel profesional ejemplar que, de repente, empieza a lamentarse. Esto es un detonante de que algo sucede. Conviene no dejar escapar estos avisos que, si no se tratan, pueden suponer la pérdida de un buen empleado.

A menudo una acumulación de demandas dentro de la organización es la consecuencia clara de una falta de comunicación en la empresa. El jefe debe atender y gestionar a la gente. Que una persona no insista en su queja no dice nada a favor del mando. Porque si el lamento no se trata se extiende como la pólvora.

Por lo tanto, no desprecie una queja y, sobre todo, no infravalore el papel de un quejica: puede ser un portavoz del estado de ánimo de la plantilla. Aproveche ese potencial y gestiónelo a su favor.