Bicentenario: mira las plazas de Lima donde también se gritó la independencia [fotos]

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Todas se encuentran en el Centro Histórico y fueron recorridas el 28 de julio por José de San Martín

Hace 200 años Lima no era la misma. Sin embargo, desde aquel entonces la capital del Perú mantiene algunos lugares claves de aquel efervescente 28 de julio de 1821 que permanecen como mudos testigos del ansiado grito libertario, entre los que destacan algunas plazuelas y plazas que detallamos a continuación.
Juan José Pacheco, historiador de Prolima de la Municipalidad de Lima, recordó que la declaratoria de la independencia se dio en diversos lugares del territorio nacional antes de hacerlo en la capital, el último bastión del poder español. Entre esos lugares destacan Huaura, Paracas, Trujillo y Lambayeque, cada uno con sus procesos y personajes cruciales.  

Tras haber liberado los territorios de Argentina y Chile, don José de San Martín buscaba coronar dicho propósito en el corazón del Perú, pero necesitaba una demostración de que el camino estaba afianzado. Y esa señal llegó el 15 de julio. 
Tras el retiro del virrey La Serna al Cusco, San Martín entró en Lima y convocó a una Junta de Notables en el cabildo limeño dando como resultado el Acta de la Independencia, firmada en aquel entonces por más de 3,000 personas.  

“Con el acta, ya todo estaba listo para la proclamación de la independencia. Se mandó a hacer la bandera, la escarapela y los tabladillos para la celebración. La independencia se proclamó en la Plaza Mayor de Lima, luego en la plazuela de La Merced, que se ubica en Jirón de la Unión; en la plaza Italia, que era la antigua plaza Santa Ana, y finalmente en la plaza de la Inquisición, que ahora es la plaza Bolívar”, detalló el investigador de la comuna limeña. 
“Desde este momento el Perú es libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende. ¡Viva la patria!, ¡Viva la libertad!, ¡Viva la independencia! 
Desde un elevado tabladillo, don José de San Martín pronunció las mismas palabras en cada una de las plazas, todas colmadas por autoridades diversas, personajes ilustres y vecinos de los alrededores y demás curiosos.    
“Había gente de todos los sectores. Los que más celebraron fueron los del pueblo, los que vieron la independencia como una posibilidad de mejorar su situación, los que querían tener la libertad para hacer algunas empresas, comerciantes y negociantes; sobre todo afroperuanos. La independencia era una oportunidad para ascender socialmente, tener un cargo militar, una mejor vida para sus familias”.

En esa época, recuerda Pacheco, las cosas importantes se comunicaban solo de dos maneras: a través de un emisario, alguien que leía en las plazas y se le pegaba por eso. La otra vía era la proclamación, donde iba la misma autoridad y hablaba directamente a los presentes. San Martín hizo lo segundo: visitó las cuatro plazas para declararnos libres de la dominación española. 
De diseño y belleza distinta, estos escenarios siguen siendo espacios abiertos que se mantienen siempre a la mano para quienes deseen recrear la ruta emblemática de la figura más trascendental de nuestra independencia. 

El primer grito en la Plaza Mayor 

Fundada el 18 de enero de 1535 por el conquistador Francisco Pizarro, la Plaza Mayor fue durante casi tres siglos la capital virreinal de esta parte de la región. 

Su pileta, que data del siglo XVII, es uno de los mayores atractivos de sus 140 metros cuadrados, además de punto de encuentro de diversas generaciones a lo largo de la historia.    

Este hermoso espacio de la ciudad está rodeado por edificios de gran importancia como el Palacio de Gobierno, el Palacio Municipal, el Palacio Arzobispal y la Catedral de Lima entre otras edificaciones que en conjunto forman el marco perfecto para una de las plazas más hermosas de América Latina. 

A lo largo de los años experimentó diversos cambios a fin de ponerse a tono con las grandes capitales del mundo, siempre destacando por su belleza, simetría y potente iluminación ornamental por las noches, que la ha convertido en un punto de recorrido obligatorio de muchos turistas. 

Plaza Italia

Su trazado data de mediados del XVI. Por largo tiempo se le conoció como la Plaza de Santa Ana debido a que era la encargada de enlazar el barrio del mismo nombre, además de ubicarse frente a la iglesia homónima.

Toma el nombre del antiguo Hospital de Santa Ana, fundado en 1550. Es históricamente conocida como la segunda plaza de la ciudad de Lima, después de la Plaza de Armas, porque en ella también se declaró la Independencia del Perú. 

Aquí funcionaba la escuela de Medicina de San Fernando, que en 1912 se trasladó al actual local de la Av. Grau. 
El alcalde Nicanor Carmona la remodeló a profundidad y la rebautizó como «plaza Italia», dando paso a una etapa floreciente en Barrios Altos. Con el paso de los años, fue perdiendo su belleza, debido a la poca iluminación y presencia de persona de mal vivir. 

Felizmente, fue recuperada por otro burgomaestre: Alberto Andrade Carmona, quien decidió enrejarla para protegerla y darle otros aires a esta tradicional zona de la Lima antigua. 

La rodean: las iglesias de Santa Ana y San José, dos antiguos cines (sin funcionamiento), un museo de la Policía Nacional, la comisaría de San Andrés. A sólo una cuadra, se ubica lo que fue la emblemática casona ‘El Buque’.

Plazuela de La Merced

La plazoleta de La Merced se ubica a la altura de la quinta cuadra del Jirón de la Unión, en intersección con el jirón Huancavelica, dentro del damero de Pizarro, en el centro histórico de la ciudad. 

Después de proclamar la independencia en la Plaza Mayor y la Plaza Santa Ana, el Libertador Don José de San Martín acudió a esta pequeña plazuela para comunicar que el Perú era libre del dominio español. 
En el año 1972, su espacio fue declarado Ambiente Urbano Monumental por el Ministerio de Cultura mediante la Resolución Suprema N°2900, además de bien mueble integrante del Patrimonio Cultural de la Nación por el Ministerio de Cultura mediante la Resolución Viceministerial el 24 de abril del 2018.

Cuenta con una efigie de bronce del presidente Ramón Castilla, obra del escultor David Lozano, así como un pequeño monolito con una placa conmemorativa del presidente Fernando Belaunde.

Está rodeada de dos frontis clásicos de la ciudad, el de la Basílica de La Merced, que muestra su estilo barroco y el del local central del banco Interbank.

Plaza Bolívar  

Ubicada frente al Congreso de la República, la ahora conocida como plaza Bolívar, tuvo varios nombres a lo largo del tiempo. 

Debido a la presencia de un estanque de agua, de poca profundidad, en el mismo lugar, en sus primeros años se le conoció como la plaza del Estanque. 
Los historiadores dan cuenta que el virrey Diego de Zúñiga y Velasco construyó en ella una caja de agua denominada de la Caridad, que surtía agua a los monasterios, conventos, edificios y fuentes públicas de la ciudad. 
Luego pasaría a llamarse la plaza de la Caridad o de la Universidad, por la presencia en su entorno de los locales de la iglesia de Santa María de la Caridad (1562) y de la Universidad de San Marcos (1577). 
Hacía fines del siglo XVI fue denominada plaza de las tres Virtudes Cardinales y, más comúnmente, plaza de la Inquisición, debido a que frente a ella se ubicaba el Santo Tribunal de la Inquisición. 
Los historiadores indican que en la época colonial la plaza estaba muy descuidada por la presencia de un mercado de abasto. Tenía una forma irregular, ensanchándose hacia el oriente en forma de trapecio.  
Durante la gesta emancipadora, empezó a ser conocida como la plaza de la Constitución, en honor al primer Congreso Constituyente del Perú. Un decreto fue promulgado el 6 de julio de 1822 dictaminó que en su centro se levante una columna que sería coronada por una estatua pedestre del Protector del Perú, don José de San Martín. Sin embargo, esto no llegó a realizarse. El 12 de febrero de 1825 se dispuso la colocación de un monumento en honor de Simón Bolívar.

Bartolomé Herrera, ministro plenipotenciario del Perú en Roma, fue el encargado de mandar a hacer la estatua que llegó al Perú en 1,859. Su traslado se complicó debido a sus grandes dimensiones. El ferrocarril Lima-Callao la condujo desde el puerto hasta la estación de San Juan de Dios (actual plaza San Martín). 
En 1949 la plaza fue sustancialmente transformada al construirse la avenida Abancay. Lamentablemente esa obra implicó la destrucción de numerosos inmuebles coloniales, como, por ejemplo, parte del Convento de San Francisco. 

La presencia de la estatua del general Simón Bolívar, libertador de cinco países (Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia) ha hecho habitual que, al conmemorarse sus respectivos aniversarios patrios, los homenajes incluyan la realización de ceremonias en esta plaza.

El Panteón de los Próceres

El Panteón de los Próceres es otro lugar emblemático de la etapa libertadora del país. Es considerado el santuario que la Nación ha destinado para guardar los restos mortales de quienes dedicaron su vida y se inmolaron por la Independencia del Perú.
Su creación se debe a la Compañía de Jesús, que llegó a Lima en 1568, con la idea de construir un local aparente para desempeñarse como Capilla del Noviciado de los Jesuitas.

La iglesia fue reconstruida en 1746, después de un terremoto que sacudió Lima y en 1876 se convirtió en la capilla de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En 1924, los restos de varios héroes de las guerras de la independencia (1821-1824) fueron trasladados a la cripta debajo del altar y la iglesia pasó a llamarse «Panteón de los Próceres».
Entre los personajes ilustres que descansan allí se mencionan el expresidente Ramón Castilla; Hipólito Unanue, precursor peruano de la independencia y fundador de la escuela de medicina de San Fernando; Pascual Saco Oliveros quien participó en la gesta independentista. 

También están José Bernardo Alcedo y José de la Torre Ugarte, autores de la música y letra del Himno Nacional del Perú; Martín George Guisse, oficial inglés que se trasladó a América del Sur para ofrecer sus servicios a la causa de la independencia; William Miller, militar británico que contribuyó de manera sobresaliente en la guerra de independencia de Chile y Perú.

Domingo Nieto, conocido como “El Quijote de la Ley”, moqueguano ilustre que participó a lo largo de toda la campaña de la Independencia del Perú; Mariano Necochea, militar argentino que participó en la guerra de independencia de su país, de Chile y de Perú; Juana de Dios, aristócrata limeña y patriota, quien junto a su esposo formó una red de espionaje para las fuerzas patriotas en la que se incluyó al pescador y mártir chorrillano José Olay, entre otros ilustres.