Balance en la comunicación

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¿Te imaginas ir a una heladería donde solo puedes elegir entre chocolate y fresa? Que aburrido ¿no? Sobre todo, sabiendo que existen cientos de opciones y combinaciones.

Vivimos en una cultura que nos exige elegir entre opciones opuestas y aparentemente incompatibles, como si la vida fuera de extremos, como si solo existiera el negro o el blanco. Lo bueno o lo malo. Lo correcto o lo incorrecto. Forzarnos a elegir entre A y Z, nos impide encontrar la belleza y la legitimidad de las opciones que surgen en el medio.

Por ejemplo, yo crecí creyendo que soy “la gordita buena gente” y, la verdad es que esta creencia me ayudó durante mucho tiempo. Recuerdo con una sonrisa el primer ciclo de la universidad cuando me acercaba a Mónica para pedirle que me preste encendedor, ella encendía mi cigarrillo y se iba. Pero como yo estaba convencida que soy buena gente, era imposible que le caiga mal. Entonces, en cada intermedio de clases, me acercaba a ella con la misma excusa y fuimos conociéndonos y construyendo una relación que se mantiene por casi 20 años. Lo interesante es que en tercer ciclo ella me confesó que al inicio le caía muy mal porque le parecía una metiche. Pero, tanto fue el cántaro al agua que terminamos siendo grandes amigas.

Como esta, tengo varias historias en las que, por creerme “buena gente” me animaba a hacer cosas y tener conversaciones que me permitieron abrir puertas y construir lazos. Todo iba bien hasta que años después, me convertí en jefe de un equipo de 12 personas. Era la primera vez que tenía gente a cargo y lo bueno, era que los conocía bien pues llevaba dos años en el área y éramos bastante cercanos.

Mi principal responsabilidad era la de sostener conversaciones de desempeño. Uno de los más antiguos y que mejores resultados tenia, estaba flaqueando y bastante desenfocado. Pasaban los días y yo “nunca tenia tiempo para enfrentar la conversación difícil”. Hasta que un día, la directora de mi área me dijo: “entiendo que es una conversación incómoda, entiendo que todavía no te sientes segura, pero que te quede claro que, si tú no se lo dices, nadie se lo va a decir, y es tu responsabilidad como líder gestionar el desempeño de tu equipo”.

Después de esta llamada de atención, me pregunté ¿qué me preocupa, a que le tengo miedo? Y, me di cuenta de que me estaba costando mucho ser LA MALA.

Ahora me enfrentaba a la dicotomía entre “Soy la líder buena o soy la jefa mala”. Gracias a Dios, mi mentora me ayudó a comprender que no necesitaba ser ni buena ni mala. Si no, empática y firme.

Y desde esta nueva mirada, empecé a encontrar los puntos medios que me permitieron construir nuevas y mejores posibilidades para orientar mis conversaciones de feedback de manera cercana y firme, logrando reorientar la energía y resultados de mi colaborador.

Hablar de balance en la comunicación no implica solo el tiempo que hablo, si no, la posibilidad de encontrar esos puntos medios entre los que podemos construir con el otro nuevas formas de relacionarnos y lograr resultados ganar/ganar.

¿Porque es importante encontrar puntos medios? Porque en algún punto en el medio entre tu objetivo y el mío, se encuentra nuestra relación y lo que nos une.

Cuando era pequeña, escuché a mi tía decir algo como: “si no tienes nada bueno que decir, mejor cállate”. Hoy que lo pienso, me doy cuenta que discrepo con ella y prefiero la siguiente frase: “si lo que voy a decir, no considero que te aporta o le hace bien a la relación, mejor no lo digo”. Puede que no te guste, pero si mi intención es ayudarte, buscaré los puntos medios y encontraré las mejores formas para decírtelo.

Piensa en una relación importante para ti en la que tengas algún desafío de comunicación y responde: ¿Qué está buscando lograr la otra persona? ¿Qué éstas buscando lograr tu? ¿Cuál puede ser ese punto que los une? Y con esa respuesta en mente, serás capaz de encontrar tus puntos medios.

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