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Los tejidos de ensueño en la cultura Chancay

Los Tejos


La cultura Chancay predominó en el valle Huaral, que se desarrolló muy cerca de Lima, legó a las generaciones venideras no solo valiosas cerámicas, sino también tejidos de imperecedera belleza.

La etimología de Chancay, nombre de la provincia ubicada a 80 km al norte de la ciudad de Lima, proviene de las palabras Chanka-ayllu, que equivale a decir clan familiar o aillu de origen chanka. También está asociada al nombre de un exquisito bizcocho, que, según el historiador Juan Luis Orrego, fue inventado por el chancayano Luis Ruiz en 1917.
Es precisamente en esta región donde surge la cultura Chancay, cuando se disuelve la sociedad Wari (primer imperio andino), desarrollándose por un período muy corto que abarca desde el año 1000 al 1450 d.C, a través de los valles de Chancay, Chillón, Rímac y Lurín. Los chancaínos fueron un pueblo creativo que tuvo manifestaciones originales. Por ejemplo, en la cerámica, como lo demuestran las piezas halladas en los cementerios de Chancay y Ancón. Allí se han llegado a contabilizar hasta 400 formas diferentes de artesanías. Se caracterizan por tener una superficie áspera y pintada de negro o marrón sobre fondo crema o blanco. Los cuchimilcos o idolillos son las piezas más conocidas de su tradición.
Destacaron también en la confección de textiles, cuyas virtudes se ven tanto en su ejecución realizada con una técnica inigualable como por la utilización de diversos elementos para su embellecimiento. Sus tejidos fueron trabajados en fibra de algodón. Para el bordado utilizaron agujas de madera y metal, sobresaliendo en la confección el brocado, la gasa y las plumas de aves pertenecientes a la zona e incluso de más hacia el oriente. Se encontró una bella trenza de cabellos humanos forrada con un bello tejido, ambos perfectamente conservados pese al tiempo transcurrido, que equivaldría a otra forma de trabajo textil.
El centro cultural Inca Garcilaso está presentando hasta el 15 de enero de 2013 una selecta muestra con el título de Chancay, la gracia y el color, en la que podemos apreciar diversas y bellas creaciones de este pueblo regido por varios señoríos y no por un solo señor, como en otros reinos costeños. Dentro de esta multiplicidad encontramos textiles pintados con motivos de aves, monos, y felinos, así como figuras antropomorfas y geométricas. La mejor colección de textiles se encuentra en el museo Amano de Miraflores, que ha cedido para la exposición algunas piezas.
En la exposición se pueden ver las diferentes vasijas de forma antropomorfa como cerámicas escultóricas en forma de pingüinos, platos con pescados en alto relieve, así como cántaros que retratan a un curaca engalanado con sus atuendos y la cara pintada, lista para presidir alguna milenaria ceremonia. Las representaciones de aves (guamán), felino (puma) y serpiente (amaru) eran su totem familiar y son un motivo repetitivo tanto en la cerámica como en la textilería.
Una curiosidad creativa de los antiguos Chancay fue la confección de las falsas cabezas, casi todas de forma cuadrada y rellenas con telas o lana de algodón, a las que, aparte de pintarles ojos y boca, se les agregaba como si fueran un collage, narices de metal o madera y cabello humano que caía a ambos lados y se sostenía con una guincha, de uso común en ese pueblo. Con el cabello también hacían a veces las cejas y pestañas, y les servía para fabricar los pinceles.
Las cabezas eran parte de los fardos funerarios. Estas tenían la forma de muñecas de tamaño natural y estaban envueltas con largas mantas de fino tejido, a las que adosaban otros elementos como alforjas, utensilios de labranza o pesca, según la función que el difunto cumpliera en vida.
Fuente: Diario El peruano

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