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Revelan que en 1987 el hoy ministro Calle realizó disparos en un restaurante

Los Tejos
Intimidación en cajamarca. Cuando el Gral. (r) Wilver Calle comandaba el BIM Zepita, amenazó con disparar al escritor René Casanova y luego puso un arma en la cabeza de la poetisa Rocío Silva Santisteban.

María Elena Castillo/

En 1987, cuando el actual ministro del Interior, general (r) Wilver Calle Girón, comandaba el Batallón de Infantería Motorizado Zepita N° 7, de Cajamarca, realizó disparos al interior de un restaurante tras discutir con el catedrático y escritor René Casanova y amenazarlo con el arma.

Según los testimonios recogidos, en su calidad de autoridad militar, Calle fue invitado a la celebración del cumpleaños del entonces jefe de Cooperación Popular, Francisco Arroyo Cobián, realizada en 1987 en el restaurante El Cajamarquez, en el jirón Amazonas.

Al evento asistieron la actual secretaria ejecutiva de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (CNDDHH), Rocío Silva Santisteban, y el corresponsal de La República Edgar Jara, quienes fueron testigos de los hechos y lo denunciaron en su oportunidad.

Jara recordó que en esa ocasión Casanova se enfrascó en una discusión con el entonces teniente coronel Calle porque responsabilizó a los militares de haber asesinado a su hijo Julio Casanova, en Ayacucho, por haber estado casado con Katia Morote, hermana del miembro del Comité Central de Sendero Luminoso Osmán Morote Barrionuevo (que cumple 25 años de prisión).

Al parecer, su insistencia terminó por molestar tanto al oficial que lo amenazó con su arma de reglamento.
“Varios testigos que participaban en la fiesta relataron que el catedrático y el jefe del BIM Zepita estaban bebidos, y el señor Casanova le increpaba por la muerte de su hijo y le insistía que no había sido terrorista. Entonces se cruzaron las palabras e insultos, hasta que, de un momento a otro, Calle desenfundó su pistola y disparó contra el techo del restaurante”, relató Jara, quien aseguró haber visto un orificio de bala en el techo del establecimiento comercial.

Con amenazas  

Rocío Silva Santisteban –quien entonces trabajaba en Cooperación Popular, junto al agasajado– contó que la celebración se desarrollaba con normalidad, sin mayores incidentes, e incluso bailó con el actual ministro del Interior, pero decidió no hacerlo más porque se le notaba pasado de copas.

“Como insistía, fui a otra zona del restaurante a conversar con René Casanova, que era amigo de mi padre, hasta que el oficial vino, se sentó en nuestra mesa y se puso malcriado con nosotros”, relató.

La secretaria ejecutiva de la CNDDHH agregó que Calle la encañonó durante varios minutos, apuntándole a la altura del cuello, tras lo cual la botó a gritos del local y realizó los disparos al aire.

“Por suerte nadie salió herido, pero pudo pasar cualquier cosa. Pudo salir alguien herido”, refirió.

Al día siguiente, Silva Santisteban llamó a su padre –quien estaba junto al conocido librero y editor Juan Mejía Baca– para contarle le ocurrido. Por su intervención, denunciaron el incidente ante el entonces ministro de Defensa, general Enrique López Albújar, a quien conocía por haber editado los libros de su padre, el escritor indigenista del mismo nombre.

“Denunciamos el hecho, e incluso un militar vino a buscarme para recoger mi declaración. No sé si lo sancionaron, pero parece que no pasó nada”, comentó sin poder ocultar cierta indignación.

 

Waisman aclara al general Calle

 

El ex congresista David Waisman, presidente de la comisión que investigó la corrupción del gobierno de Alberto Fujimori, sostuvo que el actual ministro del Interior, Wilver Calle, nunca fue citado para dar declaraciones porque no tenían indicios de que estuviera involucrado con la mafia fujimontesinista.

Indicó que si bien en el 2001 Calle asumió el cargo de inspector general del Ejército, no entregó ninguna información a la comisión. “Tal vez la entregó a su institución, o al Ministerio de Defensa o al Tribunal Militar.

Eso no lo sé, pero a nosotros no nos dio nada”, afirmó.

Señaló que muchos oficiales como él firmaron el acta de sujeción, tal vez engañados u obligados. Pero el gran error del ministro fue haber dicho que no lo hizo.

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