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“¿Qué habrá pasado? ¿Por qué no vienen a recogernos hasta ahora?”

Los Tejos
A punto de cumplir una semana desde que lo dejaron en medio de la selva, el suboficial PNP Luis Astuquillca Vásquez se preguntaba por qué no pasaba ni un solo helicóptero para buscarlo e intentar rescatar a su compañero César Vilca.

Seis días después de haber sido insertado en la selva con sus compañeros Landert Tamani y César Vilca, con el propósito de destruir a la columna terrorista del “camarada Gabriel“, Luis Astuquillca se había quedado solo. Tamani fue asesinado en el segundo día y Vilca fue capturado por los senderistas al cuarto día. En esa misma ocasión, Astuquillca recibió un balazo en la pierna y otro en el codo. No se imaginaba que estaba lejos de salvarse. Leamos su testimonio.

“La lluvia me despertó. Caían gruesas gotas. Primero poco a poco, luego en gran cantidad. En un instante quedé empapado. Entonces decidí bajar hacia el río. El río era un viejo conocido. Sabía que si seguía su curso podía encontrar algún poblado, una comunidad o una familia de nativos. La gente vive cerca del río.

Bajaba con dificultad por el barro. Me resultaba mucho peor debido a que tenía la pierna herida. Me sangraba. Varias veces me caí. Rodé una y otra vez. Hasta que llegué al río y recién pude calmar mi sed.

Como estaba completamente embarrado decidí quitarme la ropa y darme un baño. El agua estaba helada.

Pero lo soporté porque en la Escuela de la Policía me acostumbré a bañarme con agua helada en la madrugada. Los instructores nos levantaban antes del amanecer y nos metían a la ducha. Al principio fue espantoso. Ellos decían que era parte de nuestra formación policial.

Se me ocurrió cruzar el río. Consideré que al otro lado había mayor posibilidad de encontrar ayuda.

Lo intenté una vez pero no pude. La lluvia había cargado al río y estaba muy bravo y fuerte.

Probé nuevamente. Tampoco lo conseguí. El río golpeaba mi pierna herida. Volví a sangrar. Me daba temor que me agarrara un calambre dentro del agua y me ahogara.

Terminé exhausto. Me curé y puse a secar mi ropa y mis borceguíes. La lluvia paró y el clima comenzó a cambiar. Se presentaba una nueva oportunidad.

Como parte de mi táctica tenía que subir nuevamente para despistar a los terroristas. Esa era mi rutina. Subir y bajar. Bajar y subir. Subir y bajar. Para salvar mi vida. Para buscar ayuda. Yo todavía creía que podía salvar a mi compañero César Vilca. 

Esta vez pensé ir por donde nos había dejado el helicóptero del Ejército, donde bajamosLandert Tamani, César Vilca y yo. Quería ver si encontraba algo. Pero mi caminata fue muy pesada. Ya no tenía fuerzas para seguir adelante. El barro no me dejaba avanzar. Parecía una de esas pesadillas en la que corres y no avanzas nada. Así me sentía en la selva.

CRUZAR EL RÍO

Habré caminado como tres horas y mi cuerpo ya estaba mojado, no por la lluvia sino por el sudor. El sol quemaba. A medida que avanzaba me proveía de gusanos, lombrices, hongos y hasta semillas de los frutos. Eso era lo único que encontraba para comer. Al llegar a una pampita, pude divisar todo el monte y el río. Pero ese día no vi pasar ni un solo helicóptero. Sentado bajo un árbol y con los pies hinchados y llenos de ampollas, empecé a meditar.

“¿Qué habrá pasado? ¿Por qué no vienen a recogernos hasta ahora? ¿Qué será de César Vilca? ¿Estará vivo?”, me preguntaba siempre, a cada instante, en todo momento.

“Si no vienen por mí, tendré que salir como sea de esta selva”, me decía.

Vencido por el cansancio, dormí un poco. Soñé que estaba con mis compañeros en el helicóptero, riendo, bromeando, jugando, sin saber lo que iba a suceder. De pronto el ruido de un animal me despertó. Era una serpiente de unos dos metros que estaba frente a mí, enroscada en un árbol, mirándome de frente, amenazante. Yo me dije: “Pucha, no me matan los terroristas y me va a matar una serpiente”. Me asusté mucho.

En la escuela me enseñaron a no reaccionar agresivamente, que me mantuviera apacible, para que el animal no respondiera con un ataque. Si me mordía, era mi perdición, porque estaba herido de la pierna y el codo. Así que me arrastré, como una serpiente, para alejarme de su territorio.

Esa noche no pude dormir. Me despertaba gritando: “¡Camachín! ¡Camachín!”. Recordaba a mi compañero César Vilca. Lo tenía en mi cabeza. Estaba en mi corazón.

QUÉ PASABA EN EL PAÍS

“La República” contacta a “Gabriel”

La reportera Doris Aguirre Calderón, en compañía del fotógrafo Luis Enrique Saldaña, cuando se dirigían en busca del helicóptero de la policía en el que fue asesinada la capitana Nancy Flores, tropezaron con el “camarada Gabriel”, jefe senderista de la selva cusqueña.

El cabecilla, ubicado en Alto Laguna, alardeó de haber supuestamente asesinado a Landert Tamani, César Vilca y Luis Astuquillca.

Los periodistas descubrieron que los terroristas derribaron el helicóptero, lo que no se informó oficialmente.

MAÑANA: “Que por lo menos nos den el ascenso póstumo”.

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