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“El cuerpo de mi hijo yacía bajo un árbol, entre la maleza, y estaba destrozado”

Los Tejos
En directo. Necropsia practicada en Kiteni revela que el suboficial PNP César Vilca Vega recibió un balazo de fusil en el cráneo, disparado de arriba hacia abajo, lo q ue indicaría que los terroristas lo encontraron vivo y lo mataron.

Doris Aguirre.

Dionisio Vilca Subaranes no deja de mirar el ferétro de su hijo, el suboficial de la policíaCésar Vilca Vega. Estamos dentro del avión Antonov que transporta el cuerpo hacia Lima. Desde que lo encontró en una zona desolada de Alto Lagunas, no se aparta de él. De Alto Lagunas lo condujo en un taxi hasta Kiteni, de Kiteni voló en un helicóptero Mi-17 de la policía hasta el aeródromo Las Malvinas, donde lo esperaba el Antonov. En el Antonov, ante el ataúd de su hijo, a 25 mil pies de altura, relató cómo lo encontró.

Desde que llegué a Kiteni, el viernes 27 de abril, tuve la esperanza de encontrar vivo a mi hijo. Y esa esperanza aumentó mucho más ese mismo día cuando apareció su compañero Luis Astuquillca Vásquez. Astuquillca  reveló que mi hijo César estaba  herido de bala, pero con vida. Sin embargo, la historia tuvo otro fin. Lo encontré muerto…

Dionisio Vilca irrumpe en llanto. Los efectivos de la Dirección Nacional de Operaciones Especiales (Dinoes) que acompañan el traslado a Lima de su compañero caído en acción no saben qué hacer ni decir. Parece que todos quisieran abrazarlo al mismo tiempo para mitigar su dolor.

LA INMENSA TRISTEZA

Dionisio Vilca se enguja las lágrimas.

Dionisio Vilca recupera fuerzas para continuar con el relato de la búsqueda de su amado hijo César.

El lunes 30 de abril, luego de haber andado por varios caseríos y comunidades como Kiteni, Kunpiro, Selva Alegre y la comunidad nativa de Inkari, repartiendo volantes y afiches con la fotografías de mi  hijo, me gané la confianza de la gente y pude recoger información valiosa. Mi esfuerzo no resultó vano. La gente de esos pueblos de la selva es solidaria. Pero al mismo tiempo pude sentir que ellos tenían temor, miedo, en expresarse directamente. ‘No se preocupe, señor. Ni bien tengamos noticias le avisamos. Aquí la gente es buena. Ya verá que va a encontrar a su hijo. Por gusto no ha venido de tan lejos’, me decían los lugareños. Recuerdo que ese día llegué hasta Inkari, pero no conseguí nada. En la mañana del martes primero de mayo, un poblador de Kiteni me comentó que sabía dónde podía estar mi hijo. ‘Te he visto por la televisión. Sé lo que estás sufriendo porque yo también soy padre’, me dijo con mucha confianza. Luego aseguró que tenía una familia que vivía en Alto Lagunas que me podía ayudar. Sin pensarlo dos veces me dirigí esa tarde a Alto Lagunas y quedé con ellos para ir al día siguiente.  Sin embargo, me impusieron como condición no contar con la presencia de ningún efectivo policial, porque podía ser peligroso. ‘Ven solo, no traigas policías’, me advirtieron. De otro modo, no me ayudarían.

Mientras habla, Dionisio Vilca Subaranes extiende una de sus manos hacia el ataúd. Lo quiere tener cerca. No quiere despegar ni la mirada. Continúa.

Ese día martes primero de mayo, me reuní con el jefe de la Dinoes, general Salvador Iglesias Paz, y le dije: ‘General,  por favor, voy a ingresar a Alto Lagunas. Hay pobladores que me quieren ayudar a ubicar a mi hijo, pero necesito que los helicópteros no sobrevuelen la zona y que tampoco se realicen operativos’. El general me preguntó por qué le pedía eso, y yo le respondí: ‘Es que ya no quiero ver que mueran más policías. No quiero que los compañeros de promoción de mi hijo mueran‘. Eso le dije. El general comprendió.

Dionisio Vilca aclaró que él pidió no ser escoltado por la policía. No es que la policía se negó a apoyarlo.

AMOR DE PADRE

Después de reunirme con los nativos machiguenga que me prometieron llevarme hasta el lugar donde podría estar  mi hijo César, ya no pude dormir. Estaba intranquilo. Sentí cierto dolor en el corazón. Hasta ese momento tenía en mente que encontraría a mi hijo, malherido pero bajo los cuidados de los nativos.

Siempre que volvería a ver vivo a mi hijo. El miércoles dos de mayo salimos de Kiteni cerca de las cuatro de la mañana, junto con mi sobrino Percy Buendía Vilca, el contacto y los dos nativos. Todos abordamos  un auto Station Wagon y enrumbamos a Alto Lagunas. Llegamos a Inkari, como a las siete de la mañana y de allí fuimos a pie hacia adentro de la selva. A medida que avanzábamos el sol quemaba. Caminamos más de siete horas, pasamos por dos riachuelos, hasta llegar a un puentecito de madera.Allí los nativos explicaron que por ese lugar habían rescatado el cadáver del suboficial Lander Tamani, uno de los compañeros de mi hijo César. La zona era agreste y difícil  de transitar, pero eso no me importó. Solo me interesaba encontrar a mi hijo. Hasta que luego de caminar más de tres kilómetros por fin lo encontramos. Eran las dos de la tarde. Ahí estaba mi hijo querido.

Al recordar ese momento trágico, Dionisio Vilca Subaranes llora. Llora. Llora con infinita tristeza. Llora y su llanto sacude a todos los que estamos dentro del avión Antonov. Llora a lágrima viva. Empero, recupera el aliento, y entre sollozos, concluye con su relato.

El cuerpo de mi hijo yacía bajo un árbol, entre la maleza, y estaba destrozado. Estaba irreconocible. Hasta sus huesitos se le veían. Mi pobre hijo ha sufrido. Ha sufrido mucho.

PARADERO FINAL

El jefe de la Dinoes, general PNP Salvador Iglesias Paz, lo abrazó para consolarlo.

Cuando lo encontré, no supe qué hacer. No sabía si regresar a Kiteni y avisar a las autoridades, o llevarme el cuerpo de mi hijo. Al final decidí recogerlo porque, si retornaba a Kiteni, probablemente ya no encontraba el cuerpo. Yo llevaba entre mis cosas agua bendita. Hice una señal de la cruz y derramé gotas de agua bendita sobre los restos de mi pobre hijo. Con una manta que encontraron los nativas, lo envolvimos y llevamos hasta Inkari. Ahí nos esperaba el taxi que nos había llevado. El trayecto fue muy doloroso. Se habían ensañado con su cuerpo. Hay que ser padre para entender mi dolor.

Al llegar a Kiteni, Dionisio Vilca acordó con el general PNP Salvador Iglesias pagar la recompensa de 40 mil soles que ofreció la Policía Nacional a las personas que contribuyeran a la ubicación del cuerpo del suboficial César Vilca Vega. Dionisio Vilca manifestó que el pago les correspondía a los dos nativos machiguengas. El general Iglesias le pidió la identidad de los beneficiarios, pero Vilca se negó alegando que la información ponía en peligro a las personas. Luego aceptó suministrar los nombres y apellidos. Los machiguengas recibirán su recompensa. Veinte mil soles a cada uno.

En la noche de ayer, fuentes del Instituto de Medicina Legal informaron el resultado de la necropsia practicada al suboficial César Vilca Vega.

De acuerdo con el Protocolo Nº 1629-2012, César Vilca presentaba un balazo en el cráneo, en la región occipital, con una trayectoria de arriba hacia abajo. Los criminales usaron un arma de largo alcance. Un fusil.

Según la opinión de los peritos forenses, Vilca recibió el disparo cuando se encontraba sentado o recostado. Lo que indicaría que los terroristas lo encontraron malherido y lo remataron.

La fecha de la muerte se produjo aproximadamente quince días antes del hallazgo del cuerpo, entre el 14 y 15 de abril. Es decir, más o menos entre dos y tres días después de que su compañero el suboficial Luis Astuquillca Vásquez  lo dejó para buscar ayuda. Si los terroristas los ubicaban, la historia pudo haber sido otra.

La necropsia también determinó que un noventa por ciento del cuerpo de César Vilca se encontraba en proceso de esqueletización, lo que explica el desprendimiento de las extremidades superiores.

También detectó la pérdida de parte de la mandíbula, por efecto del proyectil que le fue disparado.

¿Qué les diría usted a los compañeros de promoción de su hijo?, le preguntamos.

Que se cuiden. Que se cuiden en cada acción que realizan. Antes de ingresar a una zona de peligro, deben estudiarla con mucho cuidado para evitar desgracias.

¿Y al Estado peruano qué le diría?, le pedimos.

Que envíen a los policías con el armamento adecuado, con la logística moderna, para así evitar más bajas. No solo basta que estén preparados, como mi hijo, sino que también tengan experiencia. Mi hijo tenía buen entrenamiento, pero le faltó experiencia.

¿Y al terrorista “Gabriel“? ¿Qué le diría si lo tuviera al frente?, le indicamos.

No sé cómo será su forma de pensar, pero él no debe matar a las personas que son inocentes. Él dice que no chocan con el pueblo. Pero yo y mi hijo César somos hombres del pueblo. Los Vilca somos del pueblo.

EN CIFRAS

40 mil soles de recompensa recibirán dos nativos machiguengas por ubicar el cuerpo.

15 días de fallecido tenía César Vilca al momento de ser encontrado, según los forenses.

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