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Más vale que agarren a uno que a los dos”, le dijo Vilca a Astuquillca / foto 1

Los Tejos

El suboficial Luis Astuquillca Vásquez narró ante sus colegas de la policía antiterrorista en Kiteni cómo fue que logró sortear 17 días perdido en la tupida selva cusqueña, en medio del fuego de los terroristas que lo buscaban a él y a su compañero César Vilca Vega para liquidarlos.
Doris Aguirre.
José Víctor Salcedo, Kiteni.

“Dos nativas machiguengas me salvaron la vida. Ellas me dieron de comer y de beber. Me protegieron. Confiaron en mí, un policía. Por ellas estoy vivo. Por eso estoy aquí”, declaró el suboficial de la policía Luis Astuquillca Vásquez en la primera manifestación que ofreció poco después de haber llegado al centro de salud de Kiteni.

Un equipo especial de la policía antiterrorista (Dircote) y antidrogas (Dirandro) que se ha constituido con el objetivo de perseguir y desmantelar la organización del “camarada Gabriel” lo interrogó en busca de información.

Un comandante de la Dircote formuló las preguntas.

“Detalle usted los hechos que siguieron después de que descendió de un helicóptero en el sector de Alto Lagunas, entre las tres y cuatro de la tarde del 12 de abril”, le requirió el oficial.

“Al momento de descender, escuché disparos y observé que mi compañero el suboficial Lander Tamani Guerra había sido herido. Además de Tamani, bajamos el suboficial César Vilca Vega y el mencionado suboficial Lander Tamani. Vilca y yo tratamos de socorrer a Tamani. Sangraba mucho del tórax. Luego nos percatamos de que dejó de existir. Dejamos el cadáver. Los disparos se escucharon por lo menos dos horas más mientras avanzábamos. Así nos agarró la noche”, declaró el suboficial Astuquillca, de la Dirección de Operaciones Especiales (Dinoes).

LA MUERTE RONDA

A la mañana siguiente, el viernes 13 de abril, continuaron camino, pero se volvieron a tropezar con los terroristas.

“Entre las 10 y 11 de la mañana cruzamos disparos. El suboficial Vilca y yo no nos separamos. El fuego era intermitente. Así pasamos el resto del día, mientras caminábamos. No sabíamos exactamente dónde nos encontrábamos. Buscábamos el ruido para guiarnos. Pero nada”, explicó Luis Astuquillca al oficial de la Dircote que lo interrogaba.

La República tuvo acceso al relato de Luis Astuquillca.

“La historia cambió el tercer día, el sábado. Muy temprano escuchamos motores de helicópteros. ‘¡Helicópteros, helicópteros, helicópteros! ¡Nos están buscando!, gritó mi compañero Vilca. ‘¡Hay que hacer señales!’, me decía. Cuando nos disponíamos a hacer señales, escuchamos disparos de fusil y ráfagas de ametralladora. Los terroristas estaban cerca. Además, era inútil. Estábamos en una zona boscosa de árboles muy altos. Desde el aire no se puede ver nada. Poco después, los terroristas detectan nuestros movimientos y empezó una balacera. Nosotros nos defendimos. Yo seguí disparando hasta que dejé de escuchar el fusil de mi compañero. Entonces lo vi en el suelo, herido en la pierna. Le puse un torniquete.

Con el calor insoportable y la humedad, se hinchó rápidamente. ‘¡Déjame aquí! ¡Tú avanza! ¡Anda a buscar ayuda!’, me reclamó mi compañero Vilca. Pero yo me quedé todo el día con él, hasta el día siguiente. Era verdad, los terroristas nos estaban buscando para matarnos”, relató el policía Luis Astuquillca.

El domingo 15 de abril fue la separación.

“Vilca amaneció muy mal. Sudaba profusamente. Estaba con fiebre. Pero me decía: ‘¡Vete tú! ¡Anda a pedir ayuda! ¡Vete!’. Yo le decía que no, que habíamos jurado nunca separarnos. Vilca insistió con cólera: ‘¡Vete, carajo, vete! Más vale que agarren a uno que a los dos’, me dijo. Con los terroristas encima, era imposible llevarlo cargado. Finalmente, partí en busca de ayuda. Desde entonces deambulé por la selva, perdido, sin rumbo, solo, hasta que el martes 17 de abril finalmente encontré el río para guiarme”, explicó a los interrogadores.

EL RUIDO DEL FUEGO

“Encontré algunas casuchas recién abandonadas. En algunos lugares encontré ollas. Me rasqué lo que había y comí. Después no había nada. Por instrucción identifiqué algunas raíces y frutos silvestres. Con eso me alimenté. Hasta semillas de cacao he comido. Achiote, limones, plátanos, hierbas aromáticas, en fin. Todo lo que sabía que no me haría daño. Cada día caminaba un promedio de 12 o 14 horas. Paraba cuando me faltaba oxígeno. Hasta que el viernes 27 de abril, por la mañana, escuché disparos. No sabía lo que estaba pasando”, relató Astuquillca.

El oficial de la Dircote le dijo que los disparos correspondían a una emboscada que le tendieron los terroristas a una patrulla de la policía en Alto Lagunas que había salido en busca de Astuquillca y de Vilca. Los senderistas en esa ocasión mataron a los suboficiales Gerónimo Chino Ancco y John Lucana Huamaní. Astuqillca no lo sabía.

Sin embargo, esos disparos guiaron a Luis Astuquillca.

“Como a las dos o tres de la tarde, divisé una casucha cerca del río. Parecía un espejismo. Vi a dos mujeres. Decidí acercarme”, narró Astuquillca.

Se trataba de dos nativas machiguenga. Lo miraron con desconfianza. Astuquillca no les dijo que era policía.

“No les conté que yo era un efectivo policial porque temí que salieran a avisar a los terroristas. Pero después que me ayudaron a curarme una herida leve de bala, las ampollas de los pies y otras más, entramos en confianza y les confesé que era un policía. Así que les pregunté si por esos días habían visto a patrullas de policías o militares. Ellas me dijeron que sí, tres o cuatro días antes. Habían pasado por esa casucha. También me dijeron que la población estaba llena de miedo porque escuchaba disparos por todas partes. ‘Desde el helicóptero disparan’, me dijeron. Yo les pregunté: ‘¿Y ustedes por qué no se han ido?’. Me respondieron: ‘Porque no tenemos adónde ir. Aquí están nuestras chacras’. ¿Y dónde estamos?, les pedí que me ubicaran. Me contestaron que en Alto Postashiato”, relató Astuquillca.

“Por fin, sentí que estaba cerca de volver a casa. No lo podía creer. Ellas me permitieron dormir esa noche en su casa”, explicó el suboficial que estuvo perdido un total de 17 días.

“Así ha sido mi odisea en la selva”, añadió.

“SOY DINOES”

El domingo 29 de abril, acompañado de las nativas, salieron hacia un camino carrozable. Ahí esperó un vehículo que lo condujo hasta Kiteni. Tomó una station wagon. “Probablemente fueron las horas más largas de todo el tiempo que anduve deambulando por la selva”, dijo.

Las nativas machinguenga lo acompañaron.

Astuquillca se le acercó al suboficial Juan Ramos Ramos que se encontraba de guardia en la Comisaría de Kiteni, en la tarde del domingo.

“Soy Dinoes”, le dijo Luis Astuquillca Vásquez, presentándose a Ramos. Ramos llamó al efectivo Dinoes Jonathan Vigo López, quien tras mirarlo lo reconoció. Quería cerciorarse de que lo que decía Astuquillca, que había llegado como un fantasma, era cierto. Era su compañero de promoción de la Dirección de Operaciones Especiales. Lo reconoció de inmediato. Astuquillca se había salvado.

La República entrevistó a un comando que retornó de una de las patrullas de búsqueda y relató lo que significa internarse en la espesa selva. Habló con la condición de no ser identificado.

“Esta selva es muy distinta a la del Huallaga, es muy agreste, hay subidas y bajadas continuamente en todo su recorrido. El Huallaga es plano, es más llano, es decir menos accidentado. Yo conozco las dos selvas”, explicó el suboficial que pidió guardar en reserva su identidad.

El suboficial explicó que un efectivo herido puede sobrevivir como máximo ocho días. Astuquillca superó 17 días.

“Si estás herido, así sea levemente, ocho días. Yo que he estado ahí dentro, y acabo de salir hace unos días, vi que hay bastante grano de café y las hormigas izula. Te alimentas con eso y bebes el agua que se recoge de la lluvia. Así uno puede vivir ocho días si está herido”, refirió.

Un experimentado oficial de la Dinoes, por otra parte, afirmó que el entrenamiento de Astuquillca es lo que lo salvó. “Yo conocí al joven Astuquillca, siempre destacó cuando estaba en periodo de entrenamiento. Si ha sobrevivido es por la alta preparación que ha tenido en supervivencia en alta montaña y para soportar las inclemencias del clima. Pero además Astuquillca fue valeroso”.

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